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Una campaña contenida para unas elecciones determinantes


El próximo domingo 24 de mayo, casi 95.000 lanzaroteños tendrán la oportunidad de expresar su decisión y elegir qué formaciones y quiénes quieren que gobiernen la isla, los siete municipios y el conjunto del Archipiélago canario en los cuatro años que quedan por delante. No ha sido ésta, si recordamos y la comparamos con otros comicios anteriores, una campaña dura de fuertes ataques y descalificaciones entre los adversarios. En términos generales, no es exactamente que haya dominado el fair play, sino que los candidatos han estado contenidos. Han preferido no sacar la artillería pesada que luego pueda ser un lastre insalvable de cara a posibles pactos de futuro, pues contrariamente a otras ocasiones, las opciones de posibles pactos están muy abiertas con el nuevo panorama de fuerzas emergentes que hay, y no se puede aventurar nada.

 

Por otro lado, se nota ya en plena era digital la importancia de las redes sociales en las campañas políticas, en detrimento del mitin tradicional que, sin desaparecer, sobre todo aún en los pueblos y diferentes pagos de los municipios, va perdiendo el protagonismo indiscutible que tenía antaño. Y en esta misma línea, no ha habido tampoco sobresaturación de cartelería ni demasiadas bocinas de vehículos pidiendo el voto y anunciando actos electorales. Todos los partidos prácticamente han centrado su campaña en debates mediáticos y sobre todo en mucho “pateo”, en el puerta a puerta y las reuniones sectoriales, realizando un diagnóstico común muy similar y cada uno de ellos una batería de propuestas electorales cuya viabilidad y solidez es necesario analizar con realismo.

 

En términos particulares, cada formación ha puesto su sello propio de campaña. Coalición Canaria, fundamentalmente impulsada por la fortaleza del liderazgo del candidato al Cabildo, Pedro San Ginés, ha desplegado sus credenciales repitiendo sus logros de gobierno ante lo población, pero también ha introducido la novedad en esta campaña de buscar un perfil neutro y no partidista, logrando atraer a un sector de la sociedad escasamente político, personas independientes que normalmente no se pronuncian y que han decidido dar su apoyo público a San Ginés y respaldar el programa que lleva en estas elecciones, sin implicarse en un proyecto partidista propio de CC. El PSOE ha combinado lo nuevo y la proyección de futuro, Mª Dolores Corujo, con un candidato ya veterano al Cabildo, José Juan Cruz, que ha hecho campaña a su forma de toda la vida, y en cuyos mensajes ha tirado de los discursos socialistas tradicionales de siempre y los tópicos propios de la marca. El PP ha introducido algunos elementos diferenciados con efectos de imagen, como el sillón azul que ha ido recorriendo calles y barrios, invitando a los ciudadanos a sentarse con la candidata Astrid Pérez de tú a tú. Por su parte, el PIL que comenzó tarde la campaña, ha echado el resto en los últimos días recurriendo a la presencia de Dimas para tratar de rescatar a sus votantes tradicionales como forma de despertar entre su aletargado electorado el recuerdo nostálgico de la que fue la principal figura del PIL y su líder indiscutible.

 

La responsabilidad de nuestro voto

 

Pero más allá de los aspectos singulares de esta campaña, lo que no debemos olvidar es que, con un 30% de indecisos como indicaban los sondeos hace apenas una semana, tras el próximo domingo se abre una situación preocupante, cuanto menos de incertidumbre, ante la posibilidad de que la representatividad institucional quede muy fragmentada con la presencia de un batiburrillo de fuerzas políticas que harían muy compleja e inestable la gobernabilidad de las administraciones locales, justo en un momento crucial y determinante en que Lanzarote, con 14.000 personas en paro, se juega su avance y progreso como isla.

 

La irrupción de algunas de las nuevas fuerzas políticas emergentes en las instituciones es sin duda un soplo de aire fresco en medio de las acomodadas formas de hacer política de los partidos tradicionales, que nos debe motivar e impulsar a todos a regenerar muchos aspectos de la siempre imperfecta democracia. Pero hay que reconocer que la inexperiencia y la falta de trayectoria que podamos valorar de muchos de estos candidatos, surgidos al amparo de la rápida ebullición de las fuerzas a las que representan, puede ser un riesgo y un evidente hándicap a la hora de tomar las riendas de gobierno de una isla muy compleja que tiene en estos momentos ante sí retos de gran calado que deben ser asumidos por líderes y políticos que, teniendo suficiente tablas políticas, sean capaces además de dar el pretendido cambio y la demandada transformación que necesita la isla, con solidez y realismo.

 

Los sondeos indicaban hace unas semanas que entre un 70% y un 80% de electorado seguirá votando a las fuerzas tradicionales en Canarias. Hay demasiado en juego y es necesario que los ciudadanos de Lanzarote acudan a votar y que decidan cómo quieren que se gobierne Lanzarote, en uno de los momentos más cruciales y significativos que estamos viviendo ahora, cuando, apenas atisbando la luz al final del largo túnel de la crisis que ha durado ya 7 años, sólo políticas determinantes, de largo alcance, globales, valientes, y basadas en la excelencia puedan tirar sin complejos y de forma decidida del carro que nos lleve a la recuperación y a la configuración realista de un modelo de isla sostenible que sitúe a la vez a Lanzarote en primera línea del avance y el progreso. Más allá de las soflamas y discursos en los que todos estamos de acuerdo y de los buenos propósitos que por supuesto presuponemos a la mayoría de los candidatos, hoy más que nunca, todos debemos reflexionar nuestro voto, si queremos de verdad que todos los lanzaroteños que quieran trabajar puedan hacerlo y que todos y cada una de las personas que viven en esta isla disfruten de la calidad de vida que merecen.

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