Así era la modesta casa de un campesino lanzaroteño
Los CACTs recuperan el espacio con un recorrido renovado que pone en valor el trabajo, la identidad y las costumbres de los hombres y mujeres del campo
- Lancelot Digital
Los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT) han reabierto la Casa Museo del Campesino, en el centro geográfico de Lanzarote, con una propuesta renovada que invita a conocer el legado del mundo rural de la isla y a comprender cómo sus habitantes lograron transformar un territorio marcado por la escasez de agua, el viento y un suelo volcánico aparentemente difícil de cultivar.
La nueva experiencia parte de la Escultura de la Fecundidad, obra de César Manrique levantada sobre la Peña de Tajaste como homenaje a los campesinos y campesinas de Lanzarote. A partir de este conjunto, la visita propone un recorrido que conecta paisaje, arquitectura, agricultura, artesanía, memoria e identidad.
El consejero de los CACT, Ángel Vázquez, ha animado a residentes y visitantes a acercarse al renovado espacio, que, según explica, «refleja lo que fuimos para explicar lo que somos». «Son útiles, aperos, usos y costumbres, pero también es esfuerzo colectivo, trabajo, perseverancia e identidad», señala Vázquez, que considera que estos elementos permiten descubrir «una nueva forma de mirar y entender Lanzarote».
La visita combina el acompañamiento de los informadores con un recorrido autoguiado mediante códigos QR, que permite ampliar los contenidos y seguir un relato que enlaza la arquitectura tradicional con el sector primario y la vida de las comunidades rurales.
Entre los elementos que pueden descubrirse figuran la era, el aljibe, los aperos utilizados para el trabajo agrícola, la silla de montar camellos o el serón, además de una vivienda tradicional. En ella se muestra cómo la arquitectura respondía a las necesidades cotidianas: patios protegidos, gruesos muros, cubiertas destinadas a recoger el agua de lluvia y espacios concebidos para aprovechar al máximo cada metro. También se recupera el uso de objetos multifuncionales, como las cajas de madera que servían simultáneamente como asiento y espacio de almacenamiento.
Las erupciones volcánicas de 1730 a 1736 tienen también un papel destacado en el nuevo recorrido. Las cenizas expulsadas durante aquel periodo dieron lugar a una singular forma de cultivo que aprovechaba las propiedades de la capa de picón para proteger el suelo y conservar la humedad en una isla caracterizada por sus escasas precipitaciones.
El relato se completa con otros elementos vinculados a la vida cotidiana y la cultura insular, como la importancia del gofio, la tahona, los arados, los oficios artesanales que todavía perviven y aquellos que han desaparecido, así como la antigua tasca, la cerámica y la figura de Dorotea Armas.
De esta manera, la renovada Casa Museo del Campesino plantea una experiencia que va más allá de la exposición de objetos y herramientas y busca explicar la relación entre los habitantes de Lanzarote y el territorio que transformaron con su trabajo.
La Casa Museo del Campesino puede visitarse todos los días, de 10.00 a 18.00 horas, con entrada gratuita.