Calor y Café: 30 años al servicio de miles de lanzaroteños
Sor Ana Rodríguez recuerda los inicios de la asociación y admite que encontrar un relevo continúa siendo complicado
- Lancelot Digital
Más de 3.000 personas han pasado por Calor y Café desde que la asociación comenzó su actividad en Lanzarote hace tres décadas. Miles de historias detrás de un proyecto que ha permitido a personas en situación de vulnerabilidad disponer de un lugar donde comer, asearse y recibir atención.
Al frente durante estos 30 años ha estado Sor Ana Rodríguez, directora y principal impulsora de la entidad, que recuerda que los primeros pasos se dieron prácticamente en secreto ante el temor de que la apertura de un comedor generase rechazo entre los vecinos.
Calor y Café abrió sus puertas un 8 de septiembre. Aquel primer día atendió a once usuarios, muchos de ellos personas con problemas de drogadicción que hasta entonces acudían a un albergue de Cáritas en busca de un café o un bocadillo. A partir de ahí, el número de usuarios fue creciendo progresivamente.
La asociación funciona como un centro de baja exigencia, un recurso destinado a atender a personas en situaciones de especial vulnerabilidad, entre ellas usuarios con problemas relacionados con el alcohol y otras drogas.
Tres décadas de actividad han dejado también momentos especialmente complicados. Sor Ana recuerda la pandemia de la covid como una de las etapas más difíciles para el funcionamiento del comedor, aunque señala que la crisis económica de 2008 tuvo un impacto todavía mayor en la atención a las familias. La pérdida de empleo dejó entonces a numerosas personas sin ingresos ni recursos básicos.
Ahora, uno de los principales retos de Calor y Café está en garantizar su continuidad. Sor Ana lleva años planteándose la jubilación, pero encontrar un relevo para la dedicación que ha mantenido durante todo este tiempo no resulta sencillo.
La religiosa considera que el futuro no tiene por qué depender de una única persona y plantea repartir las responsabilidades entre varias personas coordinadas.
Su deseo es que Calor y Café pueda continuar funcionando como hasta ahora. Sin embargo, después de 30 años entregada al proyecto, reconoce que asegurar ese relevo será uno de los grandes desafíos para mantener viva una entidad por la que ya han pasado más de 3.000 personas en Lanzarote.