Domingo, 13 Septiembre 2026
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La entrada masiva de miles de personas desde Marruecos vuelve a poner sobre la mesa la presión migratoria 

La entrada masiva de miles de personas desde Marruecos vuelve a poner sobre la mesa la presión migratoria 

  • Lancelot Digital

 

Canarias observa estos días con especial atención lo que sucede en Ceuta. No solo por la dimensión de una crisis que ha llevado a la ciudad autónoma a recibir, en apenas unas jornadas, una cifra de personas cercana a la totalidad de su población, sino porque el episodio vuelve a recordar hasta qué punto la frontera entre España y Marruecos puede convertirse en un escenario de enorme presión política, migratoria y estratégica.

Entre el 30 y el 31 de julio se produjo la entrada masiva de personas desde Marruecos. El Gobierno mantiene en 72.000 la cifra de personas que accedieron a Ceuta durante aquella crisis, aunque el propio ministro Ángel Víctor Torres llegó a hablar de 80.000 para poner en contexto la magnitud del episodio frente a una ciudad que ronda los 80.000 habitantes. En las primeras horas, alrededor de 69.500 personas regresaron a Marruecos y, posteriormente, la cifra de retornados se elevó todavía más.

El episodio ha dejado imágenes difíciles de olvidar y también un importante coste humano. Los medios de comunicación informaron de decenas de fallecidos recuperados en aguas ceutíes, mientras las autoridades marroquíes confirmaban víctimas en su territorio. La ciudad, además, ha tenido que afrontar la presencia de miles de personas, entre ellas numerosos menores, en un territorio de apenas 20 kilómetros cuadrados. La dimensión de lo ocurrido explica que en Canarias se haya vuelto a mirar hacia el norte de África. Porque el Archipiélago sabe desde hace décadas lo que significa convertirse en frontera de Europa.

32 años recibiendo pateras

La primera patera de la que existe constancia llegó a Fuerteventura en agosto de 1994. Doce años después, en 2006, la denominada crisis de los cayucos situó definitivamente a Canarias en el mapa migratorio europeo: 31.678 personas llegaron aquel año a las Islas procedentes de África occidental. Lo que entonces parecía una situación excepcional acabaría convirtiéndose en una realidad estructural.

La ruta atlántica nunca desapareció. Entre 2007 y 2018 perdió protagonismo frente a otras vías de entrada, pero siguió activa. A partir de 2019 comenzó a recuperar fuerza y en 2020 volvió a convertirse en una de las principales rutas hacia España. La pandemia, el cierre de otras vías y la situación política y económica de países como Senegal y Mauritania contribuyeron a alimentar ese desplazamiento. Y entonces llegó el nuevo gran salto. En 2024, Canarias registró la cifra más elevada desde que existen estadísticas: 46.843 personas alcanzaron las costas del Archipiélago, mientras la red de acogida se veía obligada a asumir también a miles de menores no acompañados.

Pero detrás de las cifras existe otro dato que explica por qué Canarias sigue mirando al Atlántico con preocupación: el enorme riesgo de la travesía. Un informe de Caminando Fronteras cifra en 635 las personas fallecidas en la ruta atlántica entre enero y mayo de 2026, convirtiéndola en la más mortífera de la frontera occidental euroafricana. Aunque las llegadas habían descendido un 72,1%, las muertes lo hicieron en menor proporción, un 57,2%, lo que significa que la ruta se ha vuelto proporcionalmente más letal.

El endurecimiento de los controles en otras fronteras ha tenido, además, una consecuencia conocida: las rutas se desplazan. Ya ocurrió después de la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla de 2005, cuando el refuerzo fronterizo contribuyó al desplazamiento de las salidas hacia el Atlántico.

Ahora el movimiento parece recorrer el camino contrario. Durante 2026 Canarias ha experimentado un descenso notable de las llegadas, mientras Ceuta y Melilla han registrado fuertes incrementos. Hasta mediados de agosto, Canarias contabilizaba 4.808 llegadas, un 59,5% menos que en el mismo periodo de 2025. Ceuta, sin contar la entrada masiva de julio, acumulaba 5.013, un 191% más, mientras Melilla crecía un 230%.

Una cuestión que va más allá de la migración

La cuestión que inquieta al Archipiélago no es, por tanto, solo migratoria. Es también geopolítica. Marruecos ha vuelto a colocar sobre la mesa su reivindicación histórica sobre Ceuta y Melilla. El ministro de Justicia marroquí, Abdellatif Ouahbi, ha reclamado recientemente su devolución a Marruecos y ha hablado de un supuesto derecho histórico y geográfico.

A partir de ahí han proliferado discursos que extienden esa preocupación hasta Canarias. En redes sociales se han multiplicado mensajes que presentan también al Archipiélago como un territorio que Marruecos debería «recuperar», aunque esta afirmación no debe confundirse con una reivindicación oficial equivalente a la que Rabat mantiene sobre Ceuta y Melilla.

Es precisamente esa diferencia la que obliga a separar temor y realidad. No existen pruebas de un plan marroquí para anexionar Canarias. Pero sí existe una realidad geopolítica: Canarias está situada frente a la costa africana, forma parte de la frontera exterior de la Unión Europea y se encuentra en un espacio estratégico en el que confluyen migración, pesca, energía, seguridad, rutas marítimas y la disputa sobre los espacios marítimos.

El Gobierno crea un mando único para Ceuta

La magnitud y persistencia de la crisis ha obligado finalmente al Gobierno central a reforzar la coordinación de la respuesta. El Consejo de Ministros acordó el 25 de agosto declarar en Ceuta la situación de interés para la Seguridad Nacional y establecer un mando único para afrontar las consecuencias de la entrada masiva registrada a finales de julio.

La decisión, formalizada mediante un real decreto publicado en el Boletín Oficial del Estado, sitúa al frente de esta estructura al ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres. El mando único coordinará la actuación de once ministerios y de la Ciudad Autónoma de Ceuta, con la participación de organismos como el Centro Nacional de Inteligencia y el Departamento de Seguridad Nacional.

El Gobierno justifica la medida por la presión que la llegada masiva de personas ha ejercido sobre las capacidades ordinarias de la ciudad en ámbitos como el control fronterizo, la identificación, la atención humanitaria, la acogida, la protección de menores y la seguridad ciudadana. La declaración estará inicialmente vigente hasta el 31 de diciembre de 2026, aunque podrá ser prorrogada o quedar sin efecto antes si la evolución de la situación así lo aconseja.

La creación de este mando único añade una nueva dimensión a una crisis que ya había abierto un debate político sobre la capacidad del Estado para anticiparse y responder a episodios de presión migratoria de esta magnitud. También refuerza la consideración de Ceuta como un punto especialmente sensible dentro de la frontera española y europea con el norte de África.

Por eso, mientras Ceuta intenta recuperar la normalidad después de haber soportado en horas una presión equivalente a casi toda su población, Canarias vuelve a mirar al otro lado del Atlántico. Lo hace porque lleva 32 años haciéndolo. Porque sabe que las rutas migratorias cambian cuando se cierran otras puertas. El Atlántico sigue ahí. Y Canarias también sigue siendo frontera.


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