Carreteras del siglo pasado para la Lanzarote de 2026

Mientras en los últimos 25 años se ha duplicado la población y también los vehículos, la isla sigue sin desdoblar sus vías que se han convertido en trampas mortales
- Lancelot Digital
- Jesús Betancort
Las imágenes del nuevo accidente mortal ocurrido en la LZ-2, entre Yaiza y Playa Blanca, han vuelto a sacudir a Lanzarote. Una pareja fallecida, un menor herido grave y otra sacudida colectiva en una vía que cada día soporta decena de miles de desplazamientos. Aunque las causas del siniestro siguen bajo investigación y no puede atribuirse al estado de la carretera, la tragedia ha reabierto un debate que la isla arrastra desde hace más de una década: ¿puede una infraestructura viaria concebida para otra época sostener la movilidad de una isla que ya supera los 167.000 habitantes y un parque móvil que no ha dejado de crecer hasta alcanzar los casi 150.000 vehículos?
Los datos dibujan una evolución que ayuda a entender la magnitud del cambio. En 2026, Lanzarote alcanza casi los 170.000. habitantes. Lo que significa que en 35 años se ha triplicado el número de vehículos y duplicado la población. Es decir, que los coches han crecido en mayor proporción que la población con prácticamente las mismas carreteras. Un crecimiento de vehículos directamente relacionado con la riqueza del ciudadano a la hora de adquirir un coche y a la afluencia turística.
Esto supone que la isla ha incorporado decenas de miles de nuevos residentes y un flujo turístico que se mantiene en niveles récord, con picos de hasta decenas de miles de visitantes diarios. Sin embargo, las grandes infraestructuras son prácticamente las mismas. No han variado en los últimos 30 años. La última gran actuación fue el desdoblamiento de la circunvalación de Arrecife hace más de una década, y desde entonces solo se han ejecutado intervenciones puntuales, siendo la última relevante el desdoblamiento de la LZ-3 entre Costa Teguise y El Cable en 2014.
Dos carreteras que precisan una respuesta urgente
Entre los proyectos pendientes destacan dos actuaciones consideradas estratégicas para la movilidad insular.
La primera es la duplicación de la LZ-40 entre Indelasa y El Toro, una obra valorada en unos 40 millones de euros que lleva años en tramitación. El proyecto cuenta con diseño técnico y expropiaciones realizadas, pero sigue pendiente de los últimos trámites administrativos. En su momento, llegó a contemplarse su licitación durante la etapa de Ángel Víctor Torres al frente del Gobierno de Canarias, aunque se pasó de la vía de urgencia a la tramitación ordinaria, donde sigue enredada con el expediente final del impacto medioambiental. Hoy en día, su ejecución dentro de esta legislatura parece poco probable. No nos podemos olvidar de que hablamos de una carretera que viene tramitándose desde hace unos 15 años.
La segunda es el desdoblamiento de la LZ-2 entre Yaiza y Playa Blanca, considerada clave para el sur de la isla y para la conexión con el puerto de Playa Blanca, por donde transitan cada año alrededor de un millón de pasajeros hacia Fuerteventura. Sin embargo, esta actuación ni siquiera cuenta aún con un proyecto redactado. Se trata de una demanda planteada desde hace una década, en torno a una carretera que ya cuenta con más de treinta años. Algunas estimaciones sitúan su ejecución real en un horizonte de entre diez y quince años.
En paralelo, se ha planteado como medida provisional la mejora de la antigua carretera entre Yaiza y Playa Blanca para aliviar parcialmente la presión sobre la actual LZ-2, pero no hay ni proyecto ni financiación.
Carreteras saturadas para una isla que ya no es la misma
La importancia de estas vías trasciende lo técnico. La LZ-40 concentra gran parte de los desplazamientos entre Arrecife, el aeropuerto, Tías y Puerto del Carmen, mientras que la LZ-2 articula el eje sur de la isla, donde se concentran algunos de los principales núcleos turísticos y residenciales.
El Consorcio de Seguridad y Emergencias de Lanzarote, a través de su gerente Enrique Espinosa, lleva años alertando de la situación. Según ha advertido en varias ocasiones, más allá de las imprudencias al volante, existen deficiencias estructurales para el volumen de tráfico actual: “No hay una buena señalización y es una carretera muy peligrosa. Los vehículos adelantan a velocidades por encima de las permitidas”.
Los últimos accidentes vuelven a evidenciar la presión que soporta la red viaria insular. La LZ-40 continúa situándose entre las carreteras con mayor siniestralidad de la isla.
Un consenso que no se traduce en plazos
Existe un consenso político inusual en torno a la necesidad de actuar. Sin embargo, las diferencias surgen al hablar de plazos, prioridades y procedimientos. Mientras unos denuncian décadas de retrasos acumulados y falta de ejecución, otros subrayan la complejidad administrativa y la necesidad de compatibilizar cualquier infraestructura con la protección del territorio.
Pero más allá del debate político, los datos ofrecen una lectura clara: Lanzarote ha pasado en tres décadas de menos de 40.000 vehículos a casi 150.000, con un crecimiento paralelo de población, turismo y movilidad interna. La ratio de vehículos por habitante se ha incrementado de forma sostenida hasta tener prácticamente un vehículo por habitante.
Las carreteras actuales responden a una isla que ya no existe. Fueron diseñadas para un escenario demográfico, turístico y económico muy distinto al actual. Hoy, Playa Blanca es uno de los principales polos turísticos del Archipiélago, Puerto del Carmen concentra una densidad de tráfico impensable hace 30 años y el puerto del sur canaliza un flujo constante de pasajeros hacia Fuerteventura.
La cuestión, por tanto, ya no es si estas infraestructuras son necesarias. La incógnita es cuánto tiempo más puede sostenerse una movilidad insular que crece a un ritmo muy superior al de las vías que la soportan. En cambio, islas con menos PIB y menos población, como Fuerteventura nos adelantan en grandes inversiones.