Miércoles, 29 Abril 2026
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Una pianista de Crimea, que ha tocado en Lanzarote, organiza en Berlín actos para recaudar fondos para los refugiados

 

  • Lancelot Digital
 

 

Nadie sabe a ciencia cierta cuándo Moscú dará por terminada la guerra. Todo apunta a que cada día que pasa juega en contra de los intereses de Putin. De ahí la mayor agresividad en los ataques  mostrados por el ejército ruso en los últimos días y la destrucción de centenares de edificios e infraestructuras de las principales ciudades de Ucrania, varias de ellas ya bajo control de Moscú, en busca de la rendición del pueblo ucraniano.

 

La escala militar aumentó anoche peligrosamente con el bombardeo ruso a algunas de las instalaciones de la central nuclear de Zaporiyia, en la localidad de Energodar, en el sureste de Ucrania, la más grande de Europa, donde tres edificios ardieron esta madrugada. Por suerte, no afectó al edificio central pero la central nuclear ya está bajo bandera rusa.

 

Y mientras tanto ya más de un millón de ucranianos, mujeres, niños y ancianos han salido del país en el mayor éxodo moderno producido en menos tiempo en Europa.

 

Ayer en café de Periodistas conectábamos con la pianista ucraniana, Natalia Nicolayeva, que ha tocado en Lanzarote, dentro del ciclo de conciertos de la Fundación Nino Díaz, quién mostraba el sentimiento encontrado que vive gran parte del pueblo ucraniano con este conflicto tan doloroso. “Yo crecí en Crimea pero tenía también pasaporte de Ucrania y ahora tengo el corazón dividido, mis amigos y mi familia son ucranianos y rusos, también. Es un desastre”, señala.

 

 

Natalia ha ido a Berlín para organizar una serie de conciertos para recaudar fondos.

 

 

Ahora el temor mayor es que Putin decida aplastar Kiev con la aviación y la provincia costera de Odessa con un desembarco con mar que puede ser fatal.


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