Viernes, 10 Abril 2026
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Escribo esta respuesta al señor José Ignacio Sánchez Rubio en relación a su artículo de opinión publicado en LancelotDigital.com, en el que hablaba de los aspectos negativos de la independencia de Canarias y la viabilidad de esa posibilidad. Artículo que me ha sorprendido en gran medida.

Lo primero que me sorprendió fue la total certeza con la que afirmaba cada opinión que exponía. Ni un solo condicional, ni un solo espacio para la opinión del lector. Cada suposición, desde la salida de Europa hasta las futuras invasiones ficticias, los da por ciertos, a pesar de que no aporta ni pruebas ni razonamientos para justificarlo.

Empezando por el principio, y sorprendido de que vengan estas afirmaciones de un jurista, ni se trataría de una “secesión” el proceso de independencia de Canarias, ni “los independentistas” decidirían nada. Precisamente el proceso se llama “descolonización”, está tasado y trazado por la ONU y conlleva una serie de ventajas y medidas de seguridad. Incluyendo el que la única forma de acceder a ello sea la voluntad democrática de los habitantes del territorio a descolonizar. Es decir, hablamos de “democracia” y derecho internacional. Los cabecillas guerrilleros y las secesiones son materia de libros de ficción e historia sobre el siglo pasado. Superemos ya estos clichés.

Otro cliché asombrosamente adoptado es el de “cuanto más grande, mejor”. Dejando de lado el aforismo de que “el tamaño no importa”, que suele fallar muy a menudo, lo cierto es que no hay evidencia de que el tamaño, por sí mismo, sea un factor determinante. Según ese criterio, Rusia debería ser un paraíso para sus habitantes y Singapur no debería existir. O Suiza, ya puestos.

Sobre los costes que habría que afrontar, la pregunta que me hago es ¿quién está pagando las carreteras e infraestructuras? Acaso parece el autor afirmar que “nos regalan” el dinero para hacerlas. Lo que se olvida de mencionar es que ese mismo dinero es el que Canarias envía a España y le es devuelto, menos cinco mil millones de euros, que se queda España. Suponemos en calidad de intermediario con nuestro desarrollo y progreso. O para pagarse unos cafés. Tanto da especular, porque nunca se han dignado a explicarlo. Simplemente aluden a algo llamado “solidaridad entre territorios” y nos pasan las facturas de sus puertos, aeropuertos y pensiones. ¿Eso es ser “solidario” o “el primo”? (O el “canelo”, por preferencias de D. José).

Mención aparte merece el análisis de la política internacional. Pertenecer o no a Europa, vetos, exclusiones… ¿En qué se fundamenta todo eso? Dudo sinceramente que tenga línea directa con los líderes europeos, así que dudo que ninguna de las elucubraciones al respecto tenga la menor credibilidad. Si, no obstante, nos basamos en mera lógica, la duda es ¿estarán las potencias pesqueras europeas dispuestas a perder nuestros cupos? Si es así, tenemos un negocio multimillonario para nosotros solos. Por otro lado, ¿prescindirán de un aliado geoestratégico en su ansiada despensa africana? Yo diría que antes se arrancarían un brazo.

El factor “coste de la administración canaria” no es precisamente un contra-argumento para la independencia. Mayores costes que el actual despilfarro administrativo español es difícil encontrar.

Además, hablar de monedas conlleva el riesgo de presuponer una salida del euro. Salida que, a tenor del concepto “zona monetaria óptima”, proveniente de Abba Lerner y Robert Mundell, se antoja beneficiosa. Pero eso es, también, elucubrar.

En mi opinión, las Fuerzas de Seguridad del Estado no desarrollan su labor fenomenalmente. El tráfico de estupefacientes y la entrada de plagas y especies peligrosas por las fronteras no son precisamente elogios a su labor. Si hablamos de cómo tratan a los manifestantes, apaga y vámonos. Muy probablemente el problema esté en quiénes los mandan y les ordenan, no en los funcionarios de a pie, que se juegan el tipo habitualmente.

Aún así, ya hay funcionarios canarios entre los cuerpos de judicatura, seguridad o administración, entre otros. Parece planear la sombra del cliché de “canarios aplatanados” incapaces de nada en la vida.

El último punto escandaloso es el que se refiere a los “probables ataques anexionistas de terceros países”. Eso me dejó patidifuso. ¿Qué países? ¿Quién va a venir? ¿Acaso vendrán desde América del Sur, cruzando el océano? Lo dudo. ¿Tal vez España nos intente re-colonizar? Cuestionable. Otros candidatos son Marruecos (incapaz de vigilar sus propias fronteras con Argelia, el Sahara y Mauritania) y la propia Mauritania (incapaz de aparentar ser un Estado de verdad). En el oeste de África no hay una sola fuerza naval que sea una amenaza para nosotros. ¿De dónde vendrá ese imaginario ataque anexionista? Tal vez vaya a surgir la Atlántida de la nada y nos invada. Otra cosa no se me ocurre.

Si queremos hablar seriamente sobre independencias y opciones reales de futuro para Canarias, sugiero que lo hagamos con seriedad y credibilidad. Bastaría con exponer argumentos y razonamientos. Sería saludable dar espacio a la opinión y los razonamientos del lector, para que cada cual saque sus propias conclusiones con la información que quiera dar por aceptable. Conviene ser especialmente rigurosos y abiertos a intercambio de opiniones cuando hablamos de una de las opciones de futuro de Canarias, tierra que lleva cinco siglos de sufrimiento y treinta años de comprar humo y promesas vacías a precio de oro.

David Najor Hernández


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