Cuando el enemigo está en el mueble bar
Un miembro de alcohólicos anónimos cuenta cómo siendo apenas un niño empezó a beber y cómo fue su lucha contra el alcohol
- Lancelot Digital
- Jesús Betancort
Conocemos la historia de un miembro de Alcohólicos Anónimo de Lanzarote. Nos cuenta su caso, cómo con 14 años empezó a beber y cómo llegó a estar completamente fuera de control por culpa de esta droga social. Este es su relato.
-¿Cómo empieza una persona a beber alcohol?
-Yo empecé a beber muy joven. Tenía 14 años. Jugaba al fútbol en el Infantil del Torrelavega y me quedaba por ahí cuando terminaba, por el bar Triana, que ya no existe. Me empezaba a echar botellines y a llegar tarde a mi casa. Yo veía que no era como los demás niños; que me gustaba juntarme con personas mayores, con gente que tenía 40 ó 50 años y que no tenían nada que perder. Empecé a perder el sentido de las cosas. Ya no me gustaba el fútbol. Me gustaban las copitas y empecé a ir a los bailes; a Tías o San Bartolomé. Yo iba al baile con mi novia. La veía cuando la entraba y al final cuando la sacaba; todo el mundo bailaba y yo estaba en la barra del bar. De hecho, me enteraba del final del baile cuando los músicos me decían que ya había acabado todo. Cuando terminaba, cogía a mi novia, la dejaba en su casa y volvía a un bar para seguir bebiendo.
-¿Ahí ya veías que necesitabas el alcohol?
-Ahí ya empecé a depender del alcohol. Yo no lo sabía; yo me creía que lo que hacía era normal: yo bebía, pero me lo pagaba con mi dinero; con lo que trabajaba. El daño era que yo no sabía que esto era una enfermedad; que esto era progresivo. Seguí bebiendo y me fui al cuartel con 19 años y allí bebí aún más; también con los marineros en el puerto. A esa edad yo ya estaba muy mal con el alcohol.
-¿Con 19 años ya bebías a todas horas del día?
-A todas horas del día. Me casé joven y con 20 años cuando me di cuenta ya tenía un niño en el mundo y vivía una vida incontrolable.
-¿Cómo era la vida con tu mujer?
-Mi caso fue muy grave. Al principio todo era risas y fiestas y se convirtió luego todo en llantos y lágrimas. Cada vez fui dependiendo más del alcohol y de otras sustancias al final y empecé a darle mala vida a mi familia. Sin querer, les estaba haciendo sufrir y entonces con 28 años en una fiesta en Valterra, conocí a un cura, Paco Martel, que fue custodio de Alcohólicos Anónimos e hizo una muy buena labor y habló con mi mujer y conmigo y le dijo que fuera a Alcohólicos Anónimos.
-¿Y tú mujer siempre se mantuvo contigo?
-Siempre se mantuvo a mi lado. Cuando las demás personas le decían “deja a este golfo, con la vida que te está dando”, ella me acompañaba al CAT, a los centros para que lo dejara; a Valencia a un centro especializado. Tengo mucho que agradecerle y sobre todo no haciéndola sufrir más y es ahora cuando estoy en Alcohólicos Anónimos cuando estoy viviendo una nueva vida.
-Dijiste que consumiste además de alcohol, otras drogas. ¿Te llevó eso a la delincuencia?
-Robaba, pero ¿A quién le robaba? Pues a mi mujer, que le decía que nunca había robado. Y eso que yo trabajé en el cemento más de 25 años.
-¿Nunca dejaste de trabajar?
-Sí, hombre, cuando me ingresaron no trabajaba; estaba muy mal.
-¿Cómo era el hecho de beber y consumir drogas?
-Al beber tan pronto yo lo que buscaba era buscar alguna sustancia que me permitiera beber más y así fue como empecé con las anfetaminas, que me hacían beber aún más y mi vida se convirtió en un mundo encerrado en mí mismo. Acabé bebiendo sólo y durmiendo en el Arrecife Gran Hotel abandonado o debajo de un cartón.