Viernes, 24 Abril 2026
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El asesor honorifico de la Asociación Española de la Pesca y del Cabildo de Lanzarote habla de la importancia que históricamente ha tenido el sector para la isla

 

  • Lancelot Digital
  • Jesús Betancort

 

 

-¿Qué supuso el sector pesquero en los años Sesenta, Setenta y Ochenta en Lanzarote?

-Yo empecé a trabajar con el sector pesquero en la Cofradía de Pescadores en el año 1979. En esa época, había una flota de cerco nacional con base en Lanzarote y ya estaban desfilando por la isla un gran número de complejos industriales. ¿Y por qué en Lanzarote? Se venían pescadores de otros puertos, sobre todo de los del norte y del sur de la península por el caladero del banco canario sahariano que era donde estaba la sardina y el punto más próximo era Lanzarote.

 

-Las industrias conserveras no tardaron en ser fundamentales para la economía insular…

-Como sería el boom de la pesca en Lanzarote en esos años que llegamos a tener siete complejos industriales. Y el fenómeno de época es que en las industrias pesqueras había más mujeres que hombres, que se iban a pescar. Ellas eran más delicadas para tratar a las sardinas. Llegamos a tener más de 55 barcos pesqueros dedicados a la sardina. Más adelante crecieron en eslora y hubo menos barcos, pero más grandes. En los barcos y en las conserveras trabajaban familias enteras de la isla y de Fuerteventura.

 

-¿Los barcos también eran de la isla?

-No, al principio no. Muchos eran de las propias conserveras, pero las tripulaciones sí eran de aquí. La pesca fue fundamental para la economía de la isla. Es una parte esencial de nuestra historia. Era tanta la importancia de la pesca en la isla, que gracias a ella se creó Arrecife. Mucha gente se ríe cuando digo eso, pero es cierto, Arrecife no existía. Arrecife comenzó a formarse gracias a los pescadores que venían al morro de la Elvira, al Charco de San Ginés, a hacer sus casitas, y la pesca del litoral comenzó a congregar población. Y luego ya se hicieron los edificios y se conformó la ciudad.

 

-¿Cuándo comenzó el declive real?

-Cuando España entró en Europa, pronto se empezó a caer en la cuenta de que estos acuerdos de pesca entre la UE y los países del área les salían muy caros y solo nos beneficiaban a nosotros, a España, a Portugal y poco más. Así que se incrementaron las primas al desguace y a nuestros armadores se les encendió una luz muy clara: apartamentos y hoteles. Y eso fue lo que pasó… Había un barco el Itchan Norte, que era uno de los mayores que pasó por la isla, venía del País Vasco y tenía una capacidad de 1.010 toneladas. Ese barco, cuando llevó el declive de todo esto, cuando se desguazó obtuvo mil y picos millones de las antiguas pesetas. Era muy goloso.

 

¿Se hicieron mal las cosas, en su opinión?

-Buenos creo que se ha visto muy claro ahora con la pandemia del covid. Como lo único que hay en la isla es turismo, como están todos los huevos en la misma cesta, la isla se quedó paralizada por completo. La economía dejó de funcionar. Las cosas no se hicieron bien en su día. No podemos dedicarnos todos a lo mismo, tiene que haber alternativas. Yo, como soy asesor honorífico de la Asociación Española de Ciudades de la Pesca, viajo mucho y veo como en muchas ciudades de la costa española como hay pequeñas empresas que venden productos del mar en conservas artesanales, cumpliendo con todas las exigencias sanitarias. Son pequeñas industrias que no contaminan y diversifican. Hay un estudio de la FAO que dice que un puesto de trabajo en un barco genera otros cinco puestos de trabajo en tierra por el efecto multiplicador que tiene.

 

-¿Se ha mantenido dignamente el sector en la isla?

-Ahora mismo no queda ningún sardinal y sólo seis atuneros que, en mi opinión, se merecen un monumento. Yo cada vez que tengo oportunidad de hablar con un político, siempre digo lo mismo: ayuden a los atuneros, no los dejen solos porque la normativa comunitaria les pone muchas pegas. El atún es una especie altamente migratoria, la catedral de reproducción de los túnidos está en el Mediterráneo y cuando son mayores se meten por el Estrecho, se sitúan en Madeira y Azores, y según la temperatura de las aguas van bajando hasta Canarias. Y si no se pesca aquí, se van hacia África. Nuestros atuneros son barcos totalmente artesanales que pescan las piezas, una a una, y solo les interesan las piezas grandes. Los coreanos, por ejemplo, hacen cerco y arrastre y terminan con atunes grandes y con crías, y con todo lo que pillan. Los atuneros nuestros son atuneros cañeros porque los pescan con caña, uno a uno. Lo cierto es que a los pescadores profesionales los atacan por todos lados, no pueden pescar en la Reserva Marina, por ejemplo, porque hay que proteger las especies y después dan 2.000 licencias de pesca deportiva por el turismo. Ojalá, tras lo sucedido con la pandemia, reflexionen y diversifiquen la economía.

 

-La evolución lógica fueron las piscifactorías y la acuicultura, ¿qué opinión le merecen?

-En Lanzarote, las jaulas de Playa Quemada fueron autorizadas para el engorde de túnidos, que se alimentan con peces pequeños, y es totalmente limpio, pero el empresario fracasó. Entonces se cambió la producción a dorada y lubina, que es más económico porque se usan piensos, y, por tanto, productos químicos. Entre eso y los excrementos que generan, se ha producido la contaminación de las aguas que ya conocemos. Si las hubieran dejado para túnidos no hubiera pasado nada.

 

-Hay quien dice que la acuicultura no es para destinos turísticos como Lanzarote, ¿qué cree usted?

-Justo es lo que estoy diciendo. Lo primero que hay que hacer es estudiar detalladamente la zona y sus corrientes. El fondo de esas jaulas marinas debe tener cinco metros, y hay que cuidar mucho la alimentación y la limpieza de la zona. Hay que calcular muy bien las corrientes para que no lleven la posible suciedad a las playas. Otra opción sería la acuicultura continental, que yo la he visto en muchos lugares y es un éxito y se lleva a cabo mediante salinas. Solo sería preciso formar adecuadamente los cocederos, para las doradas y lubinas, o para las especies que se decidan, siempre con el control sanitario preciso. Es una opción, no sólo factible, sino que además es atractiva desde el punto de vista turístico. Se podría hacer en las salinas de Arrecife, en las que hay debajo del risco, y se acaba con la posible suciedad que general las jaulas marinas.

 

-Es importante mantener viva la memoria histórica de la isla, en este sentido, usted ha dicho que hay presupuesto para poner en marcha un Museo de la Pesca en la isla, ¿por qué no se ha hecho?

-Yo, siendo jefe de servicios del departamento de Pesca del Cabildo de Lanzarote, trabajé mucho para hacer un proyecto para un museo de la pesca porque siempre he pensado que si hay una isla en Canarias que se merece un museo por su trayectoria y su historia, esa es Lanzarote. Vinieron unos técnicos catalanes para hacer el estudio adecuado. Se pensó en aquella época en hacerlo en el viejo edificio de la factoría Frigorsa. Se midió y se hizo el proyecto. La idea era dividirlo en tres partes: exponer todas las piezas con las que contábamos, entre ellos el barco Santa Teresa por el que podrían subir los visitantes del museo para conocer cómo era un barco pesquero por dentro; además había un salón de actos extraordinarios en el que se podría exponer a los visitantes, y a los alumnos de los centros de la isla, vídeos de cómo se pescan en alta mar las diferentes especies, desde la pesca de profundidad hasta la pesca de superficie y medias aguas; arriba habría una gran cafetería, con tapas de pescaditos y marineras… nos gastamos en ese proyecto unos 60.000 euros y está metido en un cajón. En Bruselas, además, hay dinero para la reconversión de las viejas factorías en este tipo de centros, pero no vamos a solicitarlo, no sé porqué motivo.

 

- Hay alguna posibilidad de que el sector pesquero en Lanzarote regrese a ser una actividad atractiva para invertir o hay que olvidarse ya?

-El sector pesquero en Canarias siempre será importante. No se entiende que no se hayan buscado soluciones para modernizar la flota y adaptarse a la situación actual. La gamba de La Santa, que no se capturaba porque no interesaba, tiene ahora un precio astronómico. Hay otras muchas especies en la isla que no se capturan y que son auténticas exquisiteces. Estudiemos lo que tenemos. No dejemos morir del todo al sector pesquero.


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