Jueves, 23 Abril 2026
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Nunca antes se ha vendido la uva a mejor precio, la producción de vino se agota, pero hay muchas incertidumbres y peligros acechando al sector

 

  • Lancelot Digital
  • Jesús Betancort
 

 

 

Mucha calidad, aunque no tanta cantidad, así ha sido la cosecha de uva de este año en Lanzarote, aunque tal vez por lo que se ha caracterizado ha sido por el precio al que las bodegas han pagado la uva: a una media de 3 euros e, incluso, en algunas pequeñas partidas, se ha llegado a pagar a 4 euros el kilo. Nunca se había llegado a pagar tanto en la isla por un kilo de uvas y no está claro que puedan mantenerse estos precios sin encarecer demasiado el producto final, aunque a decir de los expertos, sería lo ideal para mantener vivo y sano el sector. Pero ¿cuáles han sido los motivos de que se paguen a tan buen precio? Una cosecha escasa, aunque de gran calidad, y, sobre todo, una demanda que crece de manera imparable, y es que los vinos de Lanzarote han conseguido lo que toda Denominación de Origen desea: tener un nombre propio.

 

Para entender mejor las circunstancias que rodean al sector vitivinícola insular, es preciso conocerlo. Tal y como ha publicado en diversos artículos y estudios el enólogo Alejandro González Morales, aunque el cultivo del viñedo se introdujo en Canarias desde el mismo momento de la conquista, en la isla de Lanzarote en un primer momento las vides se dedicaron a la producción de aguardiente de baja calidad. Cuando se producen las erupciones volcánicas del siglo XVIII en la isla surge una técnica agrícola novedosa, el cultivo en arenado y el vino empieza a tomar protagonismo, aunque realmente será la promoción y el turismo los que logren no hace demasiados años dar lustre a unos vinos cuyos costes de producción son mucho más elevados que casi en cualquier otro lugar del país por sus propias características.

 

En cualquier caso, la isla pasó de tener unos caldos de muy escasa calidad y producción, a contar con una industria próspera y de muy alta calidad. Para ello ha sido necesaria una modernización que impulsaron bodegas como El Grifo o Mozaga. Otras como Stratvs lograron marcar un punto de inflexión, empezando a fijar los precios y pagando sobre la marcha o a corto plazo, algo que no ocurría hasta el momento y que llevaba a muchos agricultores a abandonar las fincas, agotados y hartos de trabajar de sol a sol para apenas ganar dinero. A día de hoy la isla cuenta con 34 bodegas censadas, de las que 21 están en activo con vino contraetiquetado y, de las que 31 han hecho vendimia este año. Es más, en la actualidad, al contrario de como pasaba hace apenas 20 años, pocos son los restaurantes de la isla donde nos sirvan y presuman de los vinos insulares.

 

Pagar la uva a su justo precio

 

Pagar la uva al precio que merece, es justo en ese punto en el que todos los expertos, bodegueros y enólogos consultados están de acuerdo: si se quiere mantener la industria y, lo que es más importante, el paisaje único de La Geria, hay que lograr que el agricultor sienta que su trabajo merece la pena y quiera mantener activas sus tierras.

 

En este sentido, el presidente de la Denominación de Origen Vinos de Lanzarote, Víctor Díaz lo tiene claro. “El poder mantener estos precios estará condicionado a muchos factores. Ojalá se pudiera mantener por el bien del viticultor. Si los precios de los insumos a las bodegas se mantienen al alza y la cosecha aumentara considerablemente pues quizás habrá que ajustar, pero si las subidas de precios se estabilizasen y la cosecha fuera como la de este año, probablemente se podrían mantener estos precios o muy similares”, afirma. “Realmente, eso sería lo ideal, todo lo que vaya en beneficio del agricultor se debe mantener, pero hay que tener en cuenta, que, si los precios de la materia prima suben, termina subiendo la botella de vino, y al final nos podemos encontrar con precios prohibitivos para el consumidor, por mucho que quieran seguir apostando por el vino de Lanzarote. No nos olvidemos que también hemos tenido vendimias de 3.5 millones de kilos y de casi 4… Todo debe estar en un equilibrio entre viticultor y bodeguero, para que el consumidor medio pueda seguir llegando a nuestro producto. Por arriba de 3 euros-3,50 euros, ya son cantidades que, si el precio de los insumos sigue al alza, serían insostenibles”.

 

Jorge Rodríguez, enólogo de El Grifo apunta por su parte que este precio “se volverá a repetir incluso pienso que en los próximos años se subirá debido a la poca cantidad de uva que existe actualmente en la isla de Lanzarote. Además, se debe mantener el precio, pero además se debe de hacer un esfuerzo por intentar ayudar a las nuevas generaciones a cultivar la viña en la isla”, afirma. También asegura que la subida del precio de las botellas será inevitable. “Hoy en día los vinos de Lanzarote son unos de los más exclusivos del mundo, tanto por los sistemas de cultivo (único en el mundo) como por sus variedades de uva y sus vinos. Recordemos que el champagne con rendimientos de 8.000 kg hectárea se paga la uva a 7,5€ y aquí con rendimientos de 1.500 kg hectárea solamente 3€”.

 

En opinión del enólogo de Bodegas Rubicón, Alberto González, “el precio de tres euros de este año ha sido una excepción porque las bodegas estamos vacías desde hace tiempo, hay muy poca uva y se ha producido una especie de guerra entre bodegueros para llevarse la uva que hay. Sin embargo, creo que este debería ser el precio mínimo al que se debería pagar la uva en Lanzarote porque es la única manera de que la finca no se abandone. Sería lo ideal que no bajara de tres euros el kilo, pero dudo que si hubiese una gran cosecha se mantuviera”, y añade. “Hay bodegas que han pagado este año hasta 4’50 euros el kilo, en algunas partidas pequeñas. El problema es que tenemos que subir el precio final del vino. Esperemos que el mercado acepte la subida. Hay vinos en España que se pagan mucho más caros, pero habría que mentalizar a la población. En caso de encarecer las botellas, sí se podría empezar a pensar en pagar a 4 0 5 euros el kilo de uva, y ya sería algo mucho más rentable que atraería a más gente”.

 

Por su parte, Ignacio Valdera, enólogo de Bodegas Los Bermejos, explica que “estamos pasando por un periodo de bajas cosechas, cuando entremos en el periodo de grandes cosechas, es posible que se pague algo menos, hasta que vuelva de nuevo el periodo de bajas cosechas, pero creo que este precio se debía mantener para que los viticultores puedan obtener una rentabilidad de su trabajo y se vayan sumando nuevos agricultores. Esto daría continuidad al sector y evitaría su desaparición”.

 

También para él, la viticultura insular es “única en el mundo ya que crea uno de los paisajes vitícolas más impresionantes que existen. Su atractivo es un reclamo para el sector turístico. Las bodegas estamos haciendo un grandísimo esfuerzo para mantenerlo y más aún los viticultores. Hemos llegado a un techo de costes con el precio de la uva a 3,10 €/kg, creo ahora le toca a todos los que se benefician de este paisaje aportar recursos para mantenerlo. Las instituciones deben tomarse en serio el mantenimiento del cultivo y deben intentar que a los viticultores les merezca la pena mantener sus viñedos”.

 

La importancia del turismo y de Saborea Lanzarote

 

En este terreno no hay dudas, el turismo y la iniciativa Saborea Lanzarote han supuesto un antes y un después para el sector. Díaz lo tiene clarísimo. “El turismo aporta un volumen importante de consumidores, aunque hay que reconocer que el público local es un fiel consumidor de nuestros vinos. Y la marca Saborea Lanzarote ha unido a productores con restauradores, hoteleros, consumidores, etc…y ha ayudado muchísimo a posicionar los productos de Lanzarote. Es cierto que los vinos de Lanzarote tenían mucho camino andado, porque el hecho de estar bajo la figura de una Denominación de Origen ayuda a la promoción conjunta. Pero sin lugar a dudas, Saborea Lanzarote ha colocado a la isla de Lanzarote dentro del mapa de los destinos enogastronómicos de España”.

 

Para el presidente de la DO Vinos de Lanzarote “el enoturismo es un complemento importante para el sector, sobre todo para el bodeguero, pero no podemos olvidarnos, que el enoturismo de una zona, comarca o territorio funciona por el paisaje y por los vinos que se producen.  Con esta reflexión, lo que quiero trasladar es que si no se cuida el paisaje y se siguen haciendo los magníficos vinos que tenemos, pues podemos morir de éxito por pensar que como Lanzarote es un destino turístico, el enoturismo funciona sólo. El enoturismo es importante, pero más importante es cuidar el paisaje y que nuestras viñas no se pierdan por causa de la sequía, y que nuestros viticultores y bodegueros sigan en la línea de trabajo como hasta ahora.

 

Rodríguez por su parte señala que “el turismo tiene gran influencia en la venta de nuestros vinos (nos visitan 3 millones de personas al año), pero también el trabajo que se está haciendo en el exterior con la promoción y exportación de vinos. En este sentido, el enoturismo es una salida para el sector, sobre todo si se logra encontrar un enoturismo que esté comprometido con el medio, hay que evitar el enoturismo de masas ya que aporta poco y no valora nuestro entorno y vinos”.

 

Alberto González es mucho más radical. “El turismo y Saborea Lanzarote han sio todo. Ha habido un cambio tremendo en Lanzarote. Antes nos peleábamos con los restauradores, pero desde que entró Saborea Lanzarote y los restaurantes se unieron, y también los bodegueros, todo cambió. Ha habido un antes y un después, no sólo con el vino, sino con todos los productos de Lanzarote. Si las cosas se hacen bien, el turismo responde”.

 

Para González, el enoturismo “es vital para el sector. No se entendería el sector del vino en Lanzarote sin el enoturismo. Es evidente que nos va a dejar más dinero el turista que viene a la bodega que no el vino que podamos vender fuera de la isla. El vino de Lanzarote se debería vender todo, y bien vendido, consumido aquí. Es un atractivo añadido, el tomar un vino único que no se puede tomar en ninguna otra parte del mundo. Hay que fomentarlo, pero bien hecho”.

 

Con respecto a esta misma cuestión, Valdera es muy crítico. “Sabemos elaborar vinos y tenemos actualmente las condiciones para hacer unos vinos de muchísima calidad, pero somos pésimos vendedores, el apoyo que hemos tenido desde Saborea Lanzarote, nos ha permitido mostrar nuestros vinos y llegar a los consumidores”, afirma. “El enoturismo masivo de guaguas abarrotadas de turistas que no tienen otra cosa mejor que hacer, no ayuda. El turista que tiene verdadero interés, no solo consume vino, sino que lo promociona”.

 

Consecuencias del cambio climático

 

Si hay un problema que se cierne sobre la viticultura en la isla, ese es el cambio climático que está planteando serios quebraderos de cabeza a viticultores y bodegueros, sobre todo “la sequía, el estrés hídrico que están sufriendo nuestras viñas. Esto puede provocar cambios en fechas de poda, en fechas de recolección, etc… e incluso, si no llega el agua, pues a la pérdida de la cepa”, señala Víctor Díaz.

 

En este punto coinciden todos los enólogos. González, gran conocedor de este problema señala que “el cambio climático va a ser muy acentuado, sobre todo en Lanzarote y en Fuerteventura porque estamos muy influenciados por el desierto. Habrá periodos cada vez más cálidos, como ya está empezando a ocurrir, se adelantarán las vendimias y pueden producirse muchísimos problemas: falta de acidez, largas sequías, pérdidas de cosechas, hechos que tendrán una muy mala influencia en la uva. Habrá que empezar a pensar en cuáles son las estrategias para empezar a actuar desde ya, porque no podemos evitarlo, pero sí compensar los efectos del cambio climático”.

 

Valdera apunta al respecto que “el calentamiento global está haciendo que muchos años las vides no acumulen suficientes horas de frío durante el invierno para hacer una parada vegetativa total. Esto hace que las plantas se debiliten y tengan brotaciones muy irregulares, con distintos estados de maduración en una misma planta, por lo que se aprovecha muy poca uva”. Por su parte, el enólogo de El Grifo asegura que “la mayor influencia es que cada vez tendremos menos cosechas y vinos cada vez más cálidos”.

 

El secreto de la calidad del vino conejero

 

La pregunta final que se puede hacer un espectador externo es cómo es posible que la isla haya pasado de tener un vino corriente a uno con tanta calidad y éxito. Díaz cree que se debe a “todo el trabajo que se ha venido haciendo en estos años. Los viticultores cuidan con mucho esmero sus cosechas, las bodegas se han ido profesionalizando, las campañas de comunicación y promoción dirigidas y regularizadas, etc… pues el final de un trabajo bien coordinado, da sus resultados. A veces es cierto que son tendencias del consumidor, pero en este caso el esfuerzo de todos estos años de trabajo va viendo sus frutos. Viticultores y bodegueros miman mucho el producto, la imagen y siempre se ha tenido claro que la marca es Vinos de Lanzarote. Ese mensaje único de los vinos de Lanzarote, nos ha ayudado a posicionar nuestra marca”.

 

Para Jorge Rodríguez ha sido el propio consumidor el que se ha dado cuenta de la calidad de nuestros vinos. “Los consumidores cada vez demandan productos más diferentes que le lleven a sitios que no han explorado y ahí es donde nuestros maravillosos vinos resaltan”.

 

Valdera cree que es justo la “calidad la responsable principal del éxito de los vinos de Lanzarote. Desde hace algunos años, la filosofía de muchas de las bodegas va en este camino y eso hace que el sector esté en auge”.

 

La pandemia tiene también su parte de culpa para González que cree que tras dos años de encierro “la gente se está tomando la vida de otra manera”.


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