Este es el motivo por el que nos damos la mano derecha

Tiene un origen lógico en un tiempo en el que era necesario esta demostración de paz
- Lancelot Digital
- Cedida
Las personas se saludan de muchas maneras dentro del mismo territorio. Si se tiene cierta confianza, un par de besos en las mejillas es un tipo de saludo muy apreciado, incluso un abrazo, pero lo más educado y extendido, sobre todo entre desconocidos, es estrecharse la mano derecha. Existen diversas teorías sobre los orígenes del apretón de manos. La primera y más popular es que empezó como un gesto de paz: demostraba que no se sostenía un arma y al mover las manos arriba y abajo se aseguraba uno de que el otro no llevaba nada escondido en la manga. Este gesto aparece ya representado en el mundo griego en cerámicas y lápidas que muestran a dioses cerrando tratos, guerreros que marchan al combate y almas de los difuntos que llegan al inframundo. También los antiguos romanos lo hacían cuando, por ejemplo, dos conocidos se encontraban en el Foro, en el Senado o en una celebración.
Pero ¿cuál es el auténtico significado de este gesto? Su amplia representación en diversos contextos hace difícil su interpretación. En el siglo XIX, en Estados Unidos parece ser que estrecharse la mano fue un modo de saludarse impulsado por los cuáqueros (una comunidad religiosa fundada en Inglaterra en el siglo XVII). Este grupo religioso pensaba que darse la mano era una forma de saludo más "democrática" que hacer una reverencia o descubrirse la cabeza. Era una manera de eliminar las jerarquías. De hecho es algo que aún hacemos en la actualidad.
Besarse, aunque sea en la mejilla, es una forma de saludo mucho más íntima, aunque también se usa en el mundo occidental entre desconocidos. De hecho, lo utilizaron los romanos que tenían tres versiones del beso: el osculum (beso en la mejilla, típico entre amigos), el basium (beso en los labios, destinado al esposo o esposa) y el suavem (beso entre amantes). El cristianismo incorporó muy pronto este gesto y se usó en ceremonias religiosas. San Pablo, en su Epístola a los romanos, recomendaba a sus seguidores "saludarse con un beso sagrado".
En la Edad Media se daba un beso como señal de fidelidad y para sellar acuerdos. Se cree que durante la terrible epidemia de peste que asoló Europa en el siglo XIV, en Francia esta costumbre pudo haberse abandonado y no se recuperaría hasta después de la Revolución Francesa, en 1789.