Miércoles, 06 May 2026
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El gerente del Hospital Doctor José Molina Orosa hace balance del año trascurrido desde que el covid llegó a Lanzarote

 

  • Lancelot Digital
  • Jesús Betancort

 

-¿Qué balance haría de la tercera ola de la pandemia en Lanzarote?

-Lamentablemente, el balance de una situación como lo que estamos viviendo y que cumple ya un interminable año de vida nunca puede ser positivo.  Toda la sociedad, todos los ciudadanos, tanto a título particular como colectivo hemos perdido de una manera u otra, en mayor o menor medida, algo en nuestras vidas como consecuencia directa o indirecta de la pandemia.

 

Sin duda, los mayores perjudicados de la COVID han sido las personas que han fallecido y sus familiares y amigos, siendo además estas muertes especialmente tristes por las condiciones  excepcionales que han rodeado a muchas de ellas: lejos y aislados de sus seres queridos, sin haber disfrutado de la oportunidad para despedirse.  También cabe recordar los trabajadores que han perdido su empleo y los empresarios que han tenido que cerrar sus empresas y negocios, con el sufrimiento personal, social y económico que ello conlleva.  Finalmente, el ámbito sanitario se ha visto igualmente muy dañado y hemos tenido que adoptar decisiones muy duras y dolorosas, pero absolutamente necesarias, para poder mantener la situación bajo control y evitar una catástrofe aun mayor:  restricción de visitas a pacientes ingresados y a los centros de salud, sustitución de muchas consultas presenciales por telefónicas, suspensión de cirugías y consultas, entre otras muchas.

 

-¿Cuáles son los principales problemas a los que se han enfrentado?

-Los problemas han ido cambiando según ha ido evolucionando la epidemia. Las primeras semanas-meses, el principal problema fue la escasez mundial de EPIs y Lanzarote lamentablemente no fue ajena a esta penuria.  Lo cierto es que a nuestro personal nunca le faltó EPIs. De hecho, gracias a ello muy pocos trabajadores han enfermado en acto de servicio. Casi todos los trabajadores contagiados lo han hecho en sus ámbitos privados, de ocio y/o familiares. No obstante, dado dicha conocida escasez y para evitar que finalmente alcanzáramos la temida y peligrosa situación de quedarnos sin EPIS, desde el principio se estableció una política muy estricta de uso racional de este material, que fue y sigue siendo administrado a cada compañero basándonos en criterios estrictamente técnicos en función del riesgo que cada procedimiento o actuación conlleva. En esa primera fase de la pandemia la espada de Damocles de quedarnos sin los preciados EPIS siempre estuvo ahí, amenazante, y quizá haya sido uno de los problemas más preocupantes y angustiosos desde el punto de vista de la gestión de esta crisis.  Todos los días contábamos los días que faltaban para la llegada del siguiente barco o avión que nos repusiera al menos un poco el stock que diariamente mermaba antes nuestros ojos, sin poder evitarlo. Finalmente, poco a poco los suministros de ese material fueron normalizándose y reforzándose y a fecha de hoy no es el principal problema de esta gerencia. 

 

-Además ha sido agotador…

-Ese es el segundo problema más importante de la pandemia, que tuvo lugar en el otro extremo temporal de la misma y todavía nos afecta. En concreto llegó a ser muy preocupante el agotamiento físico, mental y anímico de los sanitarios de la isla, hasta el punto de llegar incluso a tener que pedir ayuda externa, refuerzos, para poder aliviar un poco esa presión antes de que claudicaran. Todas las Gerencias de todos los hospitales públicos de Canarias respondieron inmediatamente a la llamada de auxilio, ofreciendo cada uno la ayuda que podían. Este gesto de solidaridad entre islas es uno más de otros muchos parecidos que han tenido lugar en estos tiempos, pero, dado la gravedad de la situación en la que tuvo lugar, es especialmente de agradecer.

 

Entre ambos extremos se han sucedido multitud de problemas y anécdotas que van desde lo difícil que nos resultó completar el puzzle de piezas necesario para poner en marcha nuestra primera máquina de PCR, los problemas de tráfico que generamos con la apertura del primer covid-auto que estaba ubicado en el Hospital Molina Orosa, o las dificultades que encontramos la primera vez que tuvimos que reconvertir algunos quirófanos en UCIs, entre otras muchas.

 

-La pandemia ha desbordado las UCIs. ¿Diría usted que, independientemente de la pandemia, se necesita aumentar el número de camas de UCI y personal para atender ese crecimiento?

-Efectivamente, la pandemia ha desbordado nuestra UCI pero también todas las demás UCIs de España y en general del mundo entero.  La saturación de la UCI que sufrimos no se debe, por tanto, a un problema de infradimensionamiento de la unidad. Es imposible que todas las UCIs del mundo estén infradimensionadas. De hecho, en condiciones normales, salvo en contadas ocasiones, pocas veces al año, la UCI de Lanzarote no presenta en general problemas de saturación. Para hacernos una idea, en lo que va de año 2021 la ocupación media de pacientes ingresados en la UVI no COVID es de 4,3 pacientes, con un intervalo que va desde 0 hasta 8 pacientes.  Sin embargo, la UCI debe evolucionar al mismo ritmo que el incremento de la población que atiende y también debe acompasarse al crecimiento del resto del hospital, que cada vez presenta una mayor y mejor cartera de servicios.  Por ejemplo, la próxima apertura de la Unidad de Hemodinámica implica necesariamente acondicionar la UCI para dar soporte a esa unidad en los casos que ello sea necesario. Consideramos por tanto necesario una ampliación del número de camas de UCI y obviamente del personal que las atienda. Estamos en ello y esa es precisamente una de las reformas que queremos acometer a corto plazo en el hospital.

 

-¿Por qué se han producido tantos fallecimientos en esta tercera ola en la vista? Los números llaman la atención

-Lo que realmente ha diferenciado esta tercera ola de las anteriores no ha sido su mortalidad sino su contagiosidad.  En realidad, no es que la tercera ola haya sido per se más mortal que las previas sino que en esta última se ha producido casi el doble de casos que en las dos primeras olas juntas y ello ha provocado más fallecimientos en números absolutos. La prevalencia máxima, es decir, el pico máximo de casos activos fue de 64, 579 y 1121 casos en la primera, segunda y tercera ola respectivamente. Al haber más contagios, consecuentemente se produce un mayor número de casos graves, más personas que requieren ingreso hospitalario y también más personas que fallecen, desgraciadamente.

 

A fecha de hoy, la mortalidad por COVID en nuestra isla es del 0,97%, o dicho de otra manera, aproximadamente el 1% de los casos diagnosticados acaba falleciendo. Ese valor, a pesar de los llamativos fallecimientos provocados por la tercera ola, sigue siendo en Lanzarote inferior a la mortalidad media de la COVID en Canarias (1,44%) y en España (2,26%).

 

-Realmente, ¿cuándo cree usted que la isla podrá empezar a respirar tranquila en lo que al covid se refiere?

Muchos hemos puesto toda nuestra esperanza en la vacuna y me alegra mucho poder afirmar que ya se nota los efectos de la misma. Por ejemplo, de los últimos 20 casos diagnosticados en la isla, solo uno corresponde a una persona de más de 80 años de edad, que no se había vacunado, y el resto a personas de edades inferior a 66 años que recordemos que son ciudadanos que todavía no están vacunados salvo que pertenezcan alguno de los grupos que sí hemos inmunizado ya (trabajadores de residencias, sanitarios, grandes dependientes, …).  La vacuna está protegiendo muy bien a la población que ya la ha recibido.

Por tanto, podremos volver a respirar tranquilos cuando un porcentaje significativo de la población, en concreto el 70% es el valor que nos dan los expertos, esté vacunada.  En principio, este objetivo se podría alcanzar aproximadamente en julio de este año, siempre que la provisión de vacunas a la isla sea suficiente.  Nuestra Atención Primaria ha demostrado que tiene capacidad para cumplir ese 70% incluso antes de dicha fecha pero el factor limitante hasta el momento es la disponibilidad de vacunas.

 

-¿Cree usted que es el momento de invertir en unas nuevas instalaciones sanitarias en la isla?

-La inversión en instalaciones sanitarias debe ser algo continuo en el tiempo.  No debemos acordarnos de Santa Bárbara solo cuando truena. No es que ahora sea el momento, sino que siempre es el momento.  Los aspectos demográficos (densidad de población, edad media de la población, nivel de riqueza o pobreza, …), las cambiantes prevalencias de unas u otras patologías, la aparición de nuevas tecnologías y otros muchos factores hacen que dicha inversión deba ser constante. Esta apuesta que hacemos por la inversión en sanidad se traduce en que, por ejemplo, en estos momentos estemos construyendo el tan demandado búnker de radioterapia; o en que hace pocos días haya salido a licitación el equipamiento de las sala de hemodinámica, que hace pocas semanas se haya renovado por completo todos los equipos de endoscopia digestiva o que próximamente renovaremos el resto de los ecógrafos que no han sido renovados ya…  y como otros proyectos mayores y muy ambiciosos en los que estamos trabajando podría citar la ampliación en vertical del Hospital Molina Orosa, con la adición de dos plantas más al edificio actual, con lo que solucionaremos muchos de los problemas de espacio que tenemos actualmente;  la reforma integral de las plantas de psiquiatría, pediatría-UCINP y oncología de ese mismo centro; el Centro de Salud de Argana, la reforma de los Centros de Salud de Playa Honda y Yaiza, o el nuevo Hospital Insular Geriátrico de Lanzarote, entre otros.

 

 

 

 


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