La droga, un infierno en el que el perfil de sus protagonistas ha cambiado y del que es posible salir
Un ex toxicómano cuenta su experiencia y cómo se libró de sus adicciones. / Vea el vídeo
Lancelot Televisión
Lanzarote, como cualquier otro lugar del mundo, no se libra de la lacra de la droga. Atrás quedaron la mitad de los años “80 y los inicios de los “90 en los que una generación entera cayó víctima de las redes de la heroína. Muchos de ellos pagaron el precio de su adicción con la muerte. A día de hoy el perfil del drogodependiente ha cambiado por completo. Atrás queda la imagen de persona desaliñada y tirada en la calle, dando paso a un perfil de consumidor de las diferentes sustancias que hay en el mercado muy diferente.
“Nosotros empezamos atendiendo fundamental a consumidores de heroína que de alguna manera en la actualidad se han estabilizado, y aunque seguimos atendiéndolos, principalmente atendemos en estos días a consumidores de cannabis, alcohol, cocaína, speed, algunas drogas de diseño y benzodiazepinas (medicamentos psicotrópicos que actúan sobre el sistema nervioso central)”, explica Rosa Torres, directora del Centro de Ayuda al Drogodependiente, CAD, de Lanzarote.
“El actual consumidor de cocaína tiene un perfil totalmente diferente: son chicos cuidados, con buen aspecto, que visten bien y un nivel de vida normalizado. Si me apuras diría que tienen un mayor deterioro a nivel psicológico”, agrega Torres.
No cabe duda de que a día de hoy las mejores políticas para no caer en esta lacra son la prevención, la concienciación y la información. Pero aún así, ¿qué lleva a una persona a caer en el mundo de las drogas?
Luis González, ex toxicómano, asegura que empezó a drogarse muy joven. “Creo que tenía 13 o 14 años y empecé por probar cosas nuevas, porque lo hacían los chicos con los que me movía entonces. Yo era deportista, pero el primer porrito que pruebas, te lleva todo lo demás”, según relata. Nicolás Villalba, psicólogo del CAD, señala al respecto que “muchos de los que caen en las drogas empiezan por curiosidad o por algún problema personal”.
Luis tuvo después trabajo y, en consecuencia, más dinero, y probó más sustancias, hasta que su vida se convirtió en un infierno y se dio cuenta de que no podía más con esa existencia totalmente autodestructiva. “Pides ayuda cuando comienzas a intentar salir y ves que vuelves -señala-. Sales, estás fuera dos o tres semanas, y vuelves a recaer, vuelves a beber y a consumir cualquier tipo de droga. Cuando verdaderamente te das cuenta de que tienes un problema, de que eres capaz incluso de robar a los que quieres para conseguir la droga, cuando te das cuenta de que tú sólo no puedes, es cuando pides ayuda para dejarlo”.
Luis se sentía un esclavo, con la sensación de haber perdido el bien más preciado: la libertad. “Quería hacer cosas y no las podía llevar a cabo porque una sustancia me manejaba. Dinero que cogía, dinero que gastaba. Cuando estaba bien me decía que quería salir de eso porque quería sacarme el carné de conducir o quería irme de vacaciones, salir con una chica o lo que fuera, pero bastaba con que tomara una copa o me fumara un porro para que me pasara cuatro días por ahí tirado, sin parar”.
En el año 2011, la droga más ingerida fue el alcohol, seguida del cannabis y la cocaína. La edad de iniciación es cada vez más temprana, pues un 45 por ciento comenzó a consumir esas sustancias entre los 11 y los 15 años de edad.
En la vida de un drogadicto intervienen factores psicológicos, sociales y biológicos. Se puede decir aquello de que si cada persona es mundo, cada paciente también lo es. “Algunos pacientes nos llegan muy motivados y es fácil trabajar con ellos, pero otros acuden a los recursos no con una convicción real de querer abandonar las drogas, sino por presiones sociales, médicas, laborales o familiares”, explica Nicolás Villalba.
En Lanzarote hay muchos bebedores y consumidores de cocaína y otros estimulantes que sólo lo hacen los fines de semana. Y si la heroína “atrapa” en pocos ‘consumos’, la coca y el alcohol, aunque más a largo plazo, también lo hacen, a veces de manera más violenta. “Lo primero que se les viene a la cabeza a la mayoría de ellos el viernes por la noche es una copa de alcohol”, añade Villalba.
Se puede salir de las drogas, pero hacerlo sin ayuda es casi imposible. Para limpiar un cuerpo intoxicado hacen falta entre 15 y 25 días. Eso es sólo el comienzo porque, el alta terapéutica se completa a los 3 años. “El tratamiento comienza con el proceso de deshabituación, es decir romper hábitos de consumo, y ese es un proceso lento y variable en el tiempo”, explica la directora del CAD. “Hay gente que pasa unos 6 u 8 meses o más en comunidad y otro tanto en elcentro de día, y después pasan al periodo de reinserción, es decir el periodo en que se reincorporan a la vida normalizada”.
Pero sobre todo hay que querer salir de ese “mundo”, lo que conlleva un cambio de hábitos y de conductas, dejar de ver a las antiguas amistades pero, sobre todo, dejarse ayudar. “Acudí a Rosa, a la que conocía desde pequeño, y le pedí ayuda. Hay que agachar las orejas, ser humilde, pedir ayuda y dejarte ayudar, sobre todo esto último”, señala Luis González. “Hay que dejar que trabajen contigo. No hay otra manera: primero darte cuenta de que tienes un problema; segundo, pedir ayuda; y tercero, ser humilde”.
Las recaídas son de lo más normal en todas aquellas personas que se quieren liberar de la adicción de alguna sustancia. Porque el adicto que ha abusado, lo es toda la vida. El psicólogo Nicolás Villalba asegura que “hay personas que inician un tratamiento por una presión pero no convencidos de querer dejarlo. Recaen o van voluntariamente al consumo. Hay personas que no quieren tener problemas, pero por ciertas circunstancias recaen. Normalmente el que no quiere recaer busca ayuda para no hacerlo”.
Los que han estado metidos y han recaído saben que la lucha es diaria y que siempre deben estar en guardia. “Siempre recuerdo las palabras de un psicólogo del centro de Zonzamas que me decía ‘cuando tengas ganas de consumir, piensa en el momento más malo que te haya hecho pasar la droga’, y creo que funciona”, señala Luis. “Yo llevo una foto en mi cartera de cómo era yo antes, y cuando se la enseño a personas que me conocen desde hacer cinco o seis años, no se lo creen, no me conocen. Me gusta ver el cambio”.
Pese a estar siempre alerta, Luis se siente fuerte. Tiene 40 años y lleva 7 sin probar ningún tipo de sustancias. Si la vida le golpea, ya no se esconde bajo los efectos de ninguna sustancia, da la cara. Consigue lo que se propone y tiene sueños que cumplir porque, como él mismo dice, una vida sin sueños es una vida apagada.
Los recursos que gestiona el Cabildo para recuperar personas son los más completos que pueden existir en la actualidad, corroborados por importantes autoridades en la materia. Sólo los lunes, el CAD recoge 180 muestras de orina en el marco de su trabajo con personas con adicciones, a lo que se une el apoyo a los pacientes psiquiátricos, a las familias para que aprendan a vivir con este tiopo de enfermos, así como talleres de habilidades personales o talleres de empleo, y a todo esto se suma la logística desinteresada de Afacoda, sor Ana y Cáritas.
“El sistema asistencial de Lanzarote no es que sea bueno, es muy bueno, porque es muy completo”, asegura Rosa Torres. “Contamos con un centro ambulatorio, una unidad de desintoxicación en el hospital general; una comunidad con capacidad para 40 usuarios; un centro de día con capacidad para otros 40 usuarios; y un programa de metadona en el que ahora mismo hay unas 300 personas aproximadamente, dividido en dos programas, uno normalizado y otro de bajo nivel de exigencia”.