La Graciosa roza el lleno turístico durante el mes de agosto
El turismo peninsular y canario dispara las visitas diarias y reabre el debate sobre límites
- Lancelot Digital
Desembarcar en el muelle de Caleta del Sebo a las 12:30 horas, tras salir del Puerto de Órzola, se ha convertido en una imagen habitual del verano en La Graciosa. Decenas de viajeros abandonan los ferris mientras otros tantos esperan para regresar a Lanzarote, reflejando el intenso movimiento turístico que vive la octava isla canaria en plena temporada alta.
Aunque La Graciosa lleva años consolidada como destino de referencia, julio y agosto concentran la mayor afluencia de visitantes procedentes tanto de la Península como del resto del archipiélago. La mayoría llega para pasar el día y son relativamente pocos los que pernoctan, lo que evita una presión aún mayor sobre la isla.
Pese al aumento de visitantes, La Graciosa conserva parte de su singularidad: calles de arena, ausencia casi total de tráfico convencional y los conocidos taxis-jeep, alrededor de una treintena, que trasladan a los turistas hacia playas emblemáticas como Playa de Las Conchas, situada frente a Montaña Blanca.
Durante agosto se estima un trasiego cercano a los 2.000 visitantes diarios. El mayor bullicio se concentra entre el mediodía y la tarde, hasta que a partir de las 20:00 horas la mayoría de excursionistas emprende el regreso a Lanzarote y Caleta del Sebo recupera parte de su habitual tranquilidad.
Entre las principales quejas de los turistas figuran la escasez de terrazas abiertas en pleno agosto, los precios de la restauración —una botella de vino de Lanzarote de gama media puede superar los 30 euros— y la falta de zonas de sombra.
El auge turístico también ha reactivado el debate sobre la posibilidad de establecer un límite diario de visitantes. Fuentes de Caleta del Sebo reconocen que la medida sería compleja de aplicar y recuerdan que, salvo en Navidad y Semana Santa, la afluencia desciende notablemente durante el resto del año, cuando vuelven a predominar los viajeros habituales cargados con sombrillas y sillas rumbo a las playas de la isla.