La noche en la que casi mil personas viajaron hacia lo desconocido en La Geria
La cuarta Volvo Experience convirtió las antiguas instalaciones de Bodegas Los Bermejos en un escenario de inspiración gótico-romántica y veneciana para despedir el verano
- Lancelot Digital
Nadie sabía exactamente adónde iba. Solo había un punto de encuentro: el aparcamiento del campo de fútbol de San Bartolomé. Allí, cuando comenzaba a caer la noche, casi un millar de invitados esperaba para descubrir el secreto que DO-EVENTOS había preparado para la cuarta edición de la Volvo Experience.
A las ocho de la tarde comenzaron a salir las guaguas lanzadera. Una tras otra, se adentraron en la oscuridad de La Geria mientras los invitados seguían sin conocer el destino final. El misterio formaba parte de la experiencia.
Y entonces llegó la sorpresa.
Al bajar de las guaguas, los asistentes se encontraron con las antiguas instalaciones de Bodegas Los Bermejos, transformadas para la ocasión en un escenario que parecía sacado de otro tiempo: una mezcla de castillo encantado, estética gótico-romántica, barroco y referencias al Carnaval de Venecia. La antigua bodega había dejado de ser reconocible.
Era el comienzo de una noche pensada para sorprender.
Gastronomía, espectáculo y mucho Lanzarote
La cuarta edición de la Volvo Experience, creada por DO-EVENTOS, bajo la dirección de Cristóbal Sánchez, volvió a apostar por una fórmula que combina gastronomía, espectáculo, decoración y promoción de la isla.
La propuesta gastronómica reunió a alrededor de una decena de restaurantes de Lanzarote, que fueron ofreciendo a los invitados diferentes elaboraciones gourmet. La cocina de inspiración oriental compartió protagonismo con productos locales y propuestas basadas en el concepto de kilómetro cero.
El resultado fue una sucesión de sabores y formatos que acompañaron una puesta en escena cuidada hasta el último detalle.
En total, alrededor de 50 empresas participaron en el evento, entre ellas Volvo y Santander como patrocinadores especiales. Una suma de colaboradores que contribuyó a convertir la noche en uno de los grandes acontecimientos privados del final del verano lanzaroteño.
Porque, aunque oficialmente el verano llegue a su fin en el calendario, en Canarias septiembre todavía tiene mucho de verano. Y esta fiesta volvió a demostrarlo.
Una isla como escenario
Uno de los objetivos de la Volvo Experience es precisamente utilizar espacios singulares de Lanzarote para crear experiencias exclusivas y, al mismo tiempo, poner en valor el paisaje y la identidad de la isla.
En esta ocasión, el escenario elegido no podía ser más particular. La Geria, con sus volcanes, sus viñas y su paisaje oscuro, sirvió de telón de fondo para una celebración que jugó precisamente con el contraste entre la naturaleza volcánica del exterior y la fantasía creada en el interior de la antigua bodega. La decoración hizo el resto.
Luces, detalles ornamentales y una ambientación inspirada en mundos góticos y venecianos transformaron el espacio en un lugar difícil de reconocer. La sorpresa del destino se convirtió así en la primera de muchas durante una noche en la que la puesta en escena tuvo tanto protagonismo como la propia fiesta.
Y después llegó la fiesta
Con la cena y las propuestas gastronómicas en marcha, la noche fue ganando ritmo. Las actuaciones de diferentes cantantes y grupos pusieron música a una celebración que se prolongó hasta bien entrada la madrugada.
Entre los invitados se encontraban numerosos rostros conocidos de la sociedad lanzaroteña, que disfrutaron de una velada marcada por la gastronomía, la música y, sobre todo, por el factor sorpresa.
La Volvo Experience volvió a cumplir así con una de sus señas de identidad: conseguir que los invitados sepan cuándo comienza la aventura, pero no exactamente qué se van a encontrar al llegar.
Cuando la madrugada empezaba a hacerse notar y la fiesta tocaba a su fin, quedaba una sensación compartida: había sido una gran noche.
Cristóbal Sánchez, mientras tanto, ya piensa en la siguiente.
Y después de cuatro ediciones, el reto no parece pequeño: encontrar un escenario y una puesta en escena capaces de sorprender de nuevo.