Lunes, 31 Agosto 2026
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

La restauración se está llevando a cabo con técnicas tradicionales de la carpintería de ribera insular

  • Lancelot Digital

 

Este barco que ven es el Nauja, que en danés significa gaviota. Y tiene casi cien años de vida, exactamente 98 y entre sus distintas funciones destacó como patrullera durante la segunda guerra mundial en aguas de Groenlandia. Ahora se encuentra en las instalaciones de la Marina de Arrecife donde el carpintero de ribera lanzaroteño Santi González aborda los trabajos de restauración. “Este barco, el Nauja, llegó a Fuerteventura como barco de turismo. Entonces, lo vararon aquí en Lanzarote, en nuestro varadero, aquí en Arrecife. Y, claro, al pasar la inspección marítima de Capitanía, vieron que tenía defectos, entonces hubo que restaurarlo entero”, explica el carpintero de ribera, Santiago González. “Las dificultades más grandes que nos encontramos en la isla son de tipo material, por ejemplo, las maderas. La dificultad de encontrar maderas de esa envergadura, de siete, diez o doce metros de largo y con espesores de siete o diez centímetros para la tablazón del barco, para las costillas y demás”.

¿Pero cuánto tiempo se necesita para poder abordar una restauración completa de un barco de estas dimensiones? “Para una restauración completa necesitamos prácticamente 18 meses, más o menos, estando tres personas, tres carpinteros fijos. O sea, dedicación exclusiva: 18 meses para una restauración”.

Las técnicas utilizadas en la restauración de este buque son las que tradicionalmente se utilizaron en la carpintería de ribera de Lanzarote. “Son técnicas de carpintería de ribera, las que hemos aprendido aquí en Lanzarote, que han pasado desde mi abuelo a mi padre y a nosotros. Siempre adaptándonos un poco a los tiempos de hoy en día, con alguna maquinaria, pero básicamente la construcción viene de antaño”.

Santi aprendió de su padre y abuelo las técnicas de carpintería de ribera. “Mi abuelo era carpintero de ribera y también se dedicaba a los molinos de sal y a las salinas. Mi padre aprendió cosas de mi abuelo, pero también aprendió de otros carpinteros de ribera. Porque, claro, tú imagínate el Charco de San Ginés, todo eso lleno de carpinteros. Antiguamente había muchos carpinteros de ribera en Arrecife, en Puerto Naos, en el Charco de San Ginés. Mi padre iba aprendiendo de todos ellos, mirando donde podía algún trazo de barcos y demás. Y ya de muy joven montó la carpintería independientemente de mi abuelo. Se la montó por su cuenta, con 17 o 18 años, muy joven. Ya montó la carpintería, tenía empleados. Incluso mi abuelo fue empleado de mi padre”.

Este arrecifeño todavía recuerda cuál era una de las frases más repetidas en el taller de su padre.  “Una frase especial de mi padre era: ‘Duro que es tarde’. Porque, claro, aquí realmente estamos trabajando para los armadores de los barcos, que eran exigentes en su momento. Entonces, imagínate tú Arrecife en esos años, que era pesquero. Los barcos querían ir a la mar. A la mar es deprisa, y vamos rápido, que la pesca está ahí. Entonces, ‘duro que es tarde’ era una frase que usaba mucho”.

Santi González representa uno de los últimos eslabones de una profesión ligada a la mar y con sabor eminentemente lanzaroteño. Su legado es vital para que no se pierda una de las grandes tradiciones de nuestra isla.


PUBLICIDAD
Cicar
PUBLICIDAD
Cicar
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
×