La polémica por las acampadas ilegales parece no tener fin

Los campistas siguen plantando sus casetas y caravanas en zonas no habilitadas. Las autoridades hacen la ‘vista gorda’
Lancelot
Foto: Kepa Herrero
Disfrutar de la naturaleza en estado puro, del sol y del mar sin cortapisas, eso es lo que alegan los campistas para justificar su apego a esta manera de disfrutar de sus vacaciones y de los meses de verano. Exigen más zonas de acampada habilitadas, pero como nadie oye sus reclamaciones, acampan en terrenos privados con el permiso de sus propietarios. Aseguran que no ensucian ni molestan a nadie y que no van a dejar de acampar mientras tengan oportunidad de hacerlo.
Las autoridades insulares aclaran que no pueden hacer nada más que reforzar los servicios de limpieza y la seguridad en las zonas afectadas. La demanda de instalar más zonas legales de acampada parece, sin embargo, haber quedado relegada al olvido.
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