Lanzarote lucha contra la violencia de género
Unas 400 víctimas reciben ayuda. Una de ellas cuenta a Lancelot TV su dramática historia
Lancelot Televisión
“Me trató de estrangular delante de mis hijos, en el jardín de la casa… mi hijo se metió por medio, y llegó incluso a arremeter contra el niño…”. Este fue el principio del fin de un infierno que duró cinco años. La mujer, a la que vamos a llamar Diana y que pide mantenerse en el anonimato no porque se avergüence de nada sino para proteger a sus dos hijos, fue maltratada por su pareja, que le pegaba, le insultaba y destruía su confianza.
Como ella, unas 400 víctimas de violencia de género reciben ayuda en el Centro de Igualdad y Atención a la Mujer (Ciam) de Lanzarote, gestionado por el Cabildo. Beatriz Pérez, asesora legal del Ciam, explica que allí “se les informa de en qué consisten todos los procedimientos legales que pueden llevar a cabo, como son procedimientos de divorcio, de guarda y custodia si no están casadas pero tienen hijos de esa relación, así como recursos o quejas”.
Como todo maltratador, la pareja de Diana la anuló y aisló, convirtiéndola en una posesión más. “A la mínima que le contradecía en algo o que simplemente opinaba de distinta forma, arremetía contra mí”, señala la mujer. “No me permitía que trabajara fuera de casa. Su pretensión, como la de todos los maltratadotes, era aislarme, porque así pierdes los apoyos, no tienes tu propio dinero ni nada y dependes única y exclusivamente de él”.
Para estas mujeres, la Ley Contra la Violencia de Género aprobada en el 2004 supuso un antes y un después. El maltrato dejó de ser algo privado para pasar a ser un delito público, y además se creó toda una red para proteger a estas mujeres, desde policías a médicos, pasando por psicólogos, abogados y jueces.
Beatriz Pérez señala que, en efecto, se creó “toda una red de servicios sociales y asistenciales, de protección, de recuperación y de información de las víctimas de la violencia de género. Todos hemos oído hablar del Dema, de las casas y centros de acogida, de los pisos tutelados y de los centros de información”.
A Diana, más que los golpes, le dolía la violencia psicológica. “El vivir con ese miedo, que nunca sabía qué iba a pasar cuando él llegara a casa, porque había días que llegaba y no me hablaba y otros me insultaba. Vivir con esa tensión constante, con ese miedo, te destroza psicológicamente. Necesitas un largo tiempo de recuperación. Mis hijos había días que dormían conmigo porque tenían pesadillas por la noche. Hace falta un largo tiempo para volver a ser tú misma. Yo estoy infinitamente mejor, pero no del todo bien. Hay momentos en que te acuerdas, cuando mis hijos me recuerdan cosas… Pero ya no lo mencionan con tanta frecuencia como al principio. Yo de esas cosas no hablo con ellos, por un lado porque no es bueno para ellos, y por otro lado porque es mejor dejarlo atrás”.
Los hijos también son víctimas de la violencia de género, se les pegue o no, y la labor de los psicólogos del Ciam es lograr que salgan adelante. En este sentido, Mikel Arias, psicólogo infantil del Centro, señala que estos niños sufren “dificultades en el colegio, dificultades para mantener la atención, la concentración, un descenso significativo en el rendimiento académico, problemas a la hora de relacionarse. A veces hay niños que se encuentran aislados o reproducen comportamientos agresivos en el contexto escolar, alteración de hábitos básicos, de sueño, de hábitos alimenticios, sufren sintomatología depresiva, tristeza, llanto y tienen muchas dificultades para el control de las emociones”.
No todo niño que ha visto cómo su padre pegaba a su madre se convierte luego en maltratador, pero es verdad que tiene más posibilidades que el resto. “Aprendemos por observación e imitación, tendemos a identificarnos con nuestras figuras de referencia, nuestros padres, entonces, a estos menores que han estado expuestos a situaciones de violencia, se les dificulta la capacidad de resolver los conflictos de manera no violenta”, señala Mikel Arias. “No son capaces de ser empáticos y muchas veces no conectan con las emociones del otro. En muchas ocasiones se altera su visión de la naturaleza de una pareja hasta el punto que pueden llegar a entender que amor y violencia son compatibles y normales”.
Diana vivió en la casa de acogida del Ciam, que a veces no da a abasto. “Las plazas no son suficientes porque, dentro de la red de unidades especializadas de violencia, sólo está la del Cabildo de Lanzarote, que cuenta con el Centro de Igualdad de Atención a la Mujer, que tiene un equipo multidisciplinar de trabajadora social, psicólogo, psicóloga, juristas, auxiliares administrativos, que trabaja directamente con las afectadas”, señala Beatriz Pérez. “No tenemos piso tutelado en Lanzarote, tenemos casa de acogida y centro de acogida inmediata y el dispositivo Dema”.
Diana recuperó su vida cuando dejó para siempre al hombre que creyó que era mejor que ella. “Ahora entro y salgo de mi casa, salgo de paseo con mis hijos y no tengo que darle explicaciones a nadie; no tengo miedo de llegar a casa y que me golpeen o me amenacen. Salgo y vuelvo con tranquilidad. En mi casa no hay ni un golpe, ni una mala palabra… He ganado muchísimo, y psicológicamente también”.
Desde niñas de 15 años hasta ancianas de 80 años son ayudadas en el Ciam, y este es el punto de partida de su nueva vida. Sin golpes, sin insultos, sin vejaciones sexuales, sin el yugo de un hombre que se quiere creer superior a su mujer cuando con su actitud demuestra que es claramente inferior.
El machismo constituye todavía un sentimiento arraigado en la sociedad española. Entre 2003 y 2011, los maltratadores mataron a 605 mujeres en el país y este año ya son 19 las asesinadas.