Martes, 21 Julio 2026
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Crónica del día del desempeño de los lanzaroteños en la iniciativa "Zapatillas solidarias", a través del baloncesto

  • Guillermo Uruñuela
  • Guillermo Uruñuela

Durante toda la semana, Lancelot Digital ofrecerá un contenido diario, diferente, que se escapa de la rabiosa actualidad de la isla. Un equipo de la casa se ha desplazado hasta Guinea Ecuatorial para seguir de cerca el trabajo que desempeña sobre el terreno un grupo de lanzaroteños a través de la iniciativa "Zapatillas solidarias", de la Fundación Martínez Hermanos.

Iván, Sandra, Simón, Jesús y Oriol (poco a poco los conoceremos más estos días) llevan ya una semana en el país africano. Desde el pasado lunes 13 de julio han comenzado el habitual Campus de baloncesto para niños y adolescentes, bajo la dirección del CB Conejero -y con esta van ya 15 ediciones-. Se trata de un proyecto que integra deporte y valores humanos que va más allá de la canasta en sí. 

En concreto, desarrollan esta actividad, secundados por entrenadores locales, en dos ubicaciones principalmente; Malabo y Bata. La primera de ellas, ubicada en la isla de Bioko y la segunda en discordia se sitúa en el continente africano, en la costa occidental. De hecho, estas líneas están siendo escritas frente a la inmensidad oceánica del Atlántico.

En el día de hoy arrancó a primera hora de la mañana el Campus en Bata con los más pequeños de la casa. Niños y niñas de entre 3 años y 15 acudieron a estas "clases de baloncesto" que no sólo sirven para mejorar las capacidades técnicas y tácticas de los más pequeños. Estas horas matutinas se convierten en un refugio para cientos de jóvenes que van, como explicó hoy un entrenador en la misma cancha, "a divertirse" y a sentirse acogidos en un espacio seguro lejos de las complicaciones de sus respectivas vidas. 

Allí aparecieron todos puntuales a su cita con la pelota con sus indumentarias de la Fundación Martínez Hermanos. Algunos portaban zapatillas de baloncesto, otros botas de fútbol; los había que calzaban "cholas" y alguno también acudió descalzo. Dentro de este escenario duro a ojos de cualquier español por las carencias materiales de la gran mayoría, llamó la atención a este que redacta la crónica, las sonrisas permanentes. No había espacio para la queja, para el cansancio, el aburrimiento o la desidia. Todos sonreían a su manera, dejando una imagen para hacernos reflexionar. Con muy poco fueron felices durante un par de horas

Cuando Jesús y Sandra junto al resto de entrenadores dieron por finiquitada la sesión todos ellos aceptaron, también con una sonrisa, que por hoy la cosa había terminado. Gritaron al unísono para despedirse hasta mañana y cada cual se fue a seguir con su vida. Centenares de niños abandonaron la cancha y a pie tomaron rumbos dispares; eso sí todos ellos sólo querían confirmar una cosa. Preguntaron si mañana habría también Campus y los entrenadores les respondieron que sí, que habría campus. Y se fueron con la misma sonrisa con la que llegaron... seguramente pensando en el día de mañana. 


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