Sábado, 18 Abril 2026
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De un pequeño proyecto en Tías a consolidarse en la Marina de Arrecife con un Sol Repsol

  • Lancelot Digital

 

Acudieron este jueves a la Entrevista del Día los dos artífices y propietarios del Restaurante Lilium, quienes, con orgullo, ponen en valor las dos décadas de trayectoria de un proyecto consolidado en la gastronomía lanzaroteña. El chef Orlando Ortega recordó sus inicios en el casco urbano de Tías, donde comenzó su andadura profesional. “Empecé tras muchos años trabajando como camarero, más de veinte, y después de mi etapa en Los Lani’s decidí dar el paso junto a otros socios y abrir un gastropub en Tías, donde estuvimos cinco años”.

Posteriormente llegaron los años del restaurante en la calle José Antonio, actual Manolo Millares, una etapa clave en la evolución del proyecto. Tal y como explica Sandra Guadalupe, jefa de sala y copropietaria, fue entonces cuando se definieron claramente los roles dentro del negocio. “Desde el inicio teníamos claro que la parte creativa y la dirección de cocina eran suyas. Cuando nos trasladamos a la calle José Antonio, yo me incorporé plenamente al proyecto y fue el momento ideal para que él diera el salto definitivo a la cocina y yo me quedara al frente de la sala”.

Ambos propietarios también recordaron las críticas recibidas en su actual ubicación en la Marina de Arrecife, especialmente por el viento, un factor que inicialmente generó dudas entre la clientela. “Al principio nos machacaron mucho con el tema del viento. Decidimos centrarnos en nuestro trabajo, en lo que pasaba dentro del restaurante, y dejar a un lado el ruido exterior. Con el tiempo, la gente ha valorado otros aspectos como las vistas, el espacio o la comodidad”.

El esfuerzo constante por alcanzar la excelencia se ha visto recientemente reconocido con un Sol de la Guía Repsol, un distintivo que pone en valor la calidad del establecimiento. “Este reconocimiento significa que ofrecemos calidad y buen servicio, y que somos un restaurante consolidado. A partir de ahí, te obliga a seguir creciendo, investigando y buscando nuevas experiencias para el cliente”.

Entre las curiosidades que deja el día a día en la hostelería, ambos coincidieron en señalar algunas prácticas que consideran poco adecuadas en el trato con los clientes. “Nos parece una falta de respeto sentarse en la mesa de los clientes. Puedes saludar, conversar unos minutos, pero no es correcto invadir su espacio. Es nuestra forma de entender el servicio”.

En definitiva, dos décadas de trayectoria avalan a esta pareja, tanto en lo profesional como en lo personal, en un camino marcado por la constancia y el objetivo de hacer disfrutar a quienes se sientan a su mesa.


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