¿Pueden echarte del trabajo por oler mal?

La Justicia avala el despido cuando el problema persiste, afecta a los compañeros y existen advertencias previas
- Lancelot Digital
La falta de higiene personal puede tener consecuencias laborales mucho más serias de lo que muchos trabajadores imaginan. Una resolución judicial ha avalado el despido disciplinario de un empleado cuya higiene deficiente se mantuvo en el tiempo y terminó afectando a la convivencia con sus compañeros.
El caso no supone que una empresa pueda despedir automáticamente a alguien por "no ducharse en casa". La clave está en las consecuencias que esa conducta provoca dentro del centro de trabajo y en que exista un incumplimiento grave, reiterado y acreditado.
Según recoge la resolución, el trabajador presentaba un olor corporal persistente que había provocado quejas entre sus compañeros. La empresa, además, le había advertido previamente de la situación y le había dado la oportunidad de corregirla. Al mantenerse el problema, finalmente optó por el despido disciplinario.
La Justicia consideró procedente la decisión empresarial al entender que la conducta había terminado perjudicando el ambiente laboral y la convivencia de la plantilla.
El respaldo legal se encuentra en el artículo 54 del Estatuto de los Trabajadores, que permite extinguir el contrato mediante despido disciplinario ante un "incumplimiento grave y culpable" por parte del empleado.
Eso no significa que cualquier problema puntual de higiene pueda terminar con el trabajador en la calle. Para que una medida tan severa pueda estar justificada deben concurrir diferentes circunstancias: que la situación sea persistente, que provoque un perjuicio real en el entorno laboral y que existan advertencias previas que permitan al afectado modificar su comportamiento.
La sentencia pone así el foco no en los hábitos privados del empleado, sino en sus efectos dentro de la empresa. Una cuestión aparentemente personal puede convertirse en un problema laboral cuando repercute de forma continuada en los compañeros y dificulta el normal desarrollo de la actividad.
Por tanto, no ducharse no constituye por sí solo una causa automática de despido. Pero una falta de higiene reiterada, acreditada y mantenida pese a los avisos sí puede llegar a justificar la extinción disciplinaria del contrato.