Martes, 03 Noviembre 2026
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  • Lancelot Digital
Janubio, el gigante de la sal que resiste al paso del tiempo

 

El paisaje de Janubio es difícil de confundir. Entre el negro del territorio volcánico y el Atlántico se extiende un enorme entramado de tajos donde Lanzarote continúa produciendo sal como hace más de un siglo. Son las mayores salinas de Canarias y las únicas que permanecen activas en la isla.

Su importancia adquiere otra dimensión al mirar al conjunto del Archipiélago. Actualmente solo seis salinas canarias permanecen en explotación con registro sanitario: tres en Gran Canaria y una en Lanzarote, Fuerteventura y La Palma. Entre todas producen alrededor de 2.700 toneladas de sal marina al año. Lanzarote, gracias a Janubio, concentra el 56% de toda la superficie productiva.

Pero la historia de Janubio comienza mucho antes de la sal. En esta zona estuvo el Puerto Real de Janubio, uno de los enclaves comerciales del sur de Lanzarote. Las erupciones de Timanfaya, entre 1730 y 1736, cerraron la antigua bahía con sus coladas y terminaron formando una laguna de más de un kilómetro de circunferencia.

Fue en 1895 cuando Vicente Lleó Benlliure vio las posibilidades de aquel espacio y comenzó la construcción de las salinas. Su sobrino Jaime Lleó Mira, junto a la familia Cerdeña y Ginés Díaz, continuó un proyecto que no quedaría terminado hasta mediados de la década de 1940.

Janubio llegó a ocupar unos 450.000 metros cuadrados, producir más de 10.000 toneladas anuales y dar trabajo a más de un centenar de personas. Eran otros tiempos. La sal tenía entonces un papel fundamental para conservar el pescado y estaba estrechamente ligada a la actividad pesquera y comercial de Lanzarote.

El desarrollo del turismo y la aparición de nuevos sistemas de conservación fueron reduciendo progresivamente aquella industria, pero Janubio nunca dejó de producir.

Cuatro generaciones

Tras Jaime Lleó, Francisco Padrón Viñas tomó el relevo a partir de los años cincuenta. Después llegarían Carlos Padrón Lleó y Carlos Padrón Marrero. Cuatro generaciones después, la familia mantiene una actividad que ha tenido que adaptarse a un mercado completamente diferente.

La producción actual supera el 20% de las cifras alcanzadas en los mejores años. El proceso, sin embargo, conserva su carácter tradicional. La recolección se concentra principalmente entre mayo y octubre y todavía son habituales los rastrillos, las palas y las carretillas. Sol, agua de mar y oficio siguen marcando el ritmo.

También ha cambiado la forma de vender la sal. A la tradicional sal gruesa se han incorporado productos como flor de sal, sal fina, escamas o piedra de sal. La gastronomía y las visitas a estos espacios abren además nuevas vías para mantener rentable una actividad que difícilmente puede competir solo por volumen.

Janubio tiene otro valor que no cabe en los paquetes de sal. En sus aguas y alrededores se han catalogado hasta 70 especies de aves migratorias. Cigüeñuelas, chorlitejos, correlimos o andarríos encuentran aquí refugio y alimento, lo que ha contribuido a su declaración como Zona de Especial Protección para las Aves.

 

Este reportaje se publicó en el periódico Lancelot en papel del mes de octubre. Descárguelo aquí. 


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