Se hace pasar por menor en Lanzarote y saca a 13 niñas hacia una red de trata

La mujer, de más de 30 años, logró infiltrarse en un centro de menores en la isla
- Lancelot Digital
Una mujer de más de 30 años logró infiltrarse haciéndose pasar por menor en un centro de protección de Lanzarote y, desde dentro, habría facilitado la salida de al menos 13 niñas que terminaron en una red internacional vinculada a la trata de personas.
El caso, investigado por la Policía Nacional en el marco de la denominada Operación Timanfaya, ha destapado una organización con ramificaciones en varios países dedicada al traslado ilegal de menores desde Canarias hacia distintos puntos de Europa, principalmente Francia.
Las pesquisas se iniciaron tras detectarse desapariciones reiteradas en un centro de Arrecife. No se trataba de una fuga puntual, sino de un goteo constante de menores que abandonaban el recurso sin regresar. Fue entonces cuando los agentes pusieron el foco en una supuesta adolescente que destacaba por su influencia sobre el resto de chicas.
Las sospechas se confirmaron al descubrir que en realidad se trataba de una mujer adulta que desempeñaba un papel clave dentro de la red. Según la investigación, se ganaba la confianza de las menores y las persuadía para salir del centro con la promesa de una vida mejor fuera de la isla.
Una vez fuera, las jóvenes eran trasladadas a viviendas donde permanecían durante horas mientras se organizaba la siguiente fase del viaje. Allí se gestionaba la obtención de documentación falsificada y se coordinaban los desplazamientos. En uno de los mensajes intervenidos por la Policía, la detenida llegó a afirmar: “Ya he vaciado el centro de niñas”, una frase que refleja la magnitud de la operación.
El itinerario diseñado por la organización comenzaba en Lanzarote. Desde el aeropuerto, las menores volaban a Madrid con identidades alteradas. En la capital eran recogidas por otros miembros de la red, que las trasladaban a estaciones de transporte para continuar su viaje hacia Francia, aunque no se descartan otros destinos.
La estructura de la organización era compleja y contaba con apoyos internacionales. Marruecos funcionaba como punto de tránsito hacia Canarias, mientras que en Costa de Marfil se elaboraban documentos falsos. En España, la red disponía de recursos logísticos para alojar y mover a las menores sin levantar sospechas.
A día de hoy, el paradero de varias de las jóvenes sigue siendo desconocido. Los investigadores manejan distintas hipótesis, entre ellas la explotación sexual, el trabajo forzado o los matrimonios obligados. El hallazgo de material sensible en los dispositivos de los implicados ha reforzado algunas de estas líneas.
La operación permitió interceptar en el aeropuerto a tres menores antes de que abandonaran el país. Entre ellas se encontraba la mujer que se hacía pasar por menor, que fue detenida. Las otras dos jóvenes regresaron al centro, aunque posteriormente intentaron huir de nuevo aprovechando los periodos de salida.
El caso también ha puesto el foco en las limitaciones del sistema de protección. Los centros de menores no son instalaciones cerradas, sino recursos abiertos concebidos como hogares, lo que permite a los usuarios entrar y salir en determinados horarios. Esta circunstancia, unida a la saturación del sistema —que ha llegado a acoger a cerca de 6.000 menores pese a estar diseñado para unos 1.500—, ha dificultado la detección temprana de desapariciones.
La investigación sigue abierta mientras continúa la búsqueda de las menores desaparecidas y se analizan posibles nuevas conexiones de la red en otros países europeos.