Una ayuda que no llega después de más de tres años
Orlando Machín continúa esperando la asistencia que la Ley de Dependencia le otorgó. Su familia necesita el dinero para atender a su padre, ciego y en silla de ruedas
Lancelot Digital
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Orlando Machín y su esposa Mari Paz están cansados. No de cuidar al padre del primero, Luis, que es ciego y no puede caminar; aunque es una tarea sacrificada, la hacen con dedicación. De lo que están agotados es de no recibir la ayuda que la Ley de Dependencia les otorgó hace ya más de tres años. Un dinero, 400 euros al mes, del que la Consejería de Bienestar del Gobierno de Canarias no ha ingresado ni un céntimo.
“Primero que si del 14 al 25 de mayo se ingresaría el dinero, después que si septiembre, y llega septiembre y no tenemos nada”, señala Machín. “Somos cuatro personas, todos en paro y estamos comiendo de la pensión de un jubilado. Yo ya no sé a dónde acudir”.
Orlando y Mari Paz no quieren ese dinero para darse un capricho, sino para acondicionar la casa en la que viven, en el barrio de Tinasoria. En la entrada de su vivienda ya encuentran dificultades, con una puerta que se atasca, a lo que se suma la falta de rampa para subir a Luis. Peor lo tienen aún para entrar en la cocina y poder comer en familia.
La idea que tienen es poder tirar el muro de esta habitación y cambiar los muebles, para de esta manera poder entrar y salir sin dificultad. En cualquier caso, sin el dinero que se les debe, cualquier obra resulta imposible, ya que todos los miembros de la familia están parados y viven de la pensión de Luis.
“Mi mujer ha tenido que rechazar varios puestos de trabajo porque está cuidando a mi padre y los demás estamos parados”, señala. “No pedimos nada más que lo que se nos dijo que se nos iba a dar. Lo que no entendemos es que, si esta ayuda está aprobada por Ley, por qué se retrasa tanto”.
Luis se quedó ciego hace cinco años, es diabético y no puede caminar. Necesita atención las 24 horas del día y cuidados continuos, y es su nuera quien se los da. Emocionado, este hombre que cantaba en una orquesta de joven, agradece la dedicación de Mari Paz, que le tiene que ayudar en cada movimiento. “Ella me hace todo. Me sienta, me levanta, me lleva al baño, me da de comer, de ducha, me acuesta… todo”, señala Luis Machín.
“Yo no digo que nos tengan que dar todo el dinero junto, nos lo pueden ir dando poco a poco, y una paga para ella, que se lo merece porque está cuidando a un inútil”, apunta. “Nunca tiene vacaciones, jamás”, insiste. Mari Paz llora al escuchar a su suegro. La espera hace mella en esta familia, que sólo pide que se les ingrese poco a poco un dinero que les pertenece por Ley.