OPINIÓN. Buena suerte
EL FORO DE LOS BALBOS. Por Mar Arias Couce
Si hay algo que no me gusta de vivir en esta maravillosa isla y ejercer esta profesión, es la enorme cantidad de buenos profesionales y mejores amigos que han pasado por aquí y se han marchado, dejando a su paso un incontable número de buenos recuerdos y experiencias compartidas. Muchos han regresado a la península, otros han viajado a otras islas, y muchos incluso se han marchado del país. Todos han continuado con su vida profesional y personal y han seguido caminando siempre hacia delante. A los que nos quedamos, se nos parte el alma cada vez que vemos cómo se marcha un pedacito de nosotros mismos. Sabemos que es para bien, que probablemente mejorarán sus condiciones económicas y su calidad de vida, pero no podemos evitar sentir ese ramalazo egoísta de querer que se queden, de tenerlos siempre ahí. No quiero ni pensar qué será cuando un hijo se marche de casa (ahora mismo, dado que uno no para por el día y el otro es incansable por la noche, lo cierto es que hasta me parece una idea buena, pero seguro que cuando llegue el momento lloraré a moco tendido). En mi caso me fui a estudiar y sólo regresé por un par de años, pero me imagino, y más siendo hija única, cómo se quedarían mis padres cuando les comuniqué que venía a vivir a una isla de Canarias. Desde entonces hasta ahora han pasado muchos años, ya tengo mis propios hijos y preocupaciones (de eso, sobre todo), pero ahora comprendo mejor que nunca a mis padres y a mis amigos, entiendo cómo se sintieron cuando me marché de manera definitiva de mi casa. Todo esto viene a cuento porque este fin de semana se marcha otra amiga, antigua compañera de esta casa y actual trabajadora de una conocida cadena de radio, Verónica Iglesias, a Las Palmas. Se nos va Vero, y se lleva una vez más, mucho de los que nos quedamos, dejándonos risas, buenos y malos ratos, tardes de cierres interminables, reportajes imposibles y conversaciones en torno a una cerveza en El Almacén, pero sobre todo un gran vacío que resultará difícil llenar. Seguro que me queda mucha gente por conocer y mucha también por despedir, pero no puedo evitar sentirme triste cada vez que la historia se repite. En cualquier caso, mucha suerte para la pequeña gran Verónica y para su perro Orson (que es su compañero inseparable de viaje) de mi parte y de la de todos los que aquí deja que la seguiremos queriendo. Otra cosa es que ella nos siga apreciando cuando nos plantemos en su nueva casa con toda la prole en plan visita pesada de esas que uno no sabe ni como echar. No todo iban a ser piropos sentimentales…