El cuarto poder
Por Guillermo Uruñuela
Comienzo este escrito con la absoluta certeza de que antes de tres líneas muchos me dejarán de leer. Buscarán una imagen, un vídeo o cualquier vínculo audiovisual que les mantenga pegados a la historia que les quiero hacer llegar. Lo siento. No lo encontrarán. Simplemente les quiero trasmitir una reflexión que no entiende de plataformas ni de redes sociales. Hablo de una profesión. Un menester que en las últimas décadas ha sido ninguneado a diestro y siniestro hasta tal punto que se ha diluido en algo abstracto, difícil de distinguir. Por eso, no sabría con certeza cómo enmarcar el Periodismo en nuestra sociedad.
Es sencillo recurrir a citas y definiciones pero ninguna de ellas me encajan. Son precisas y exactas, quizá demasiado perfectas para ser reales. En nuestros días, yo distinguiría entre periodistas mediocres que actúan como bufones y charlatanes que se ponen la careta de informadores, confundiéndonos a todos. Menudo jaleo. Lo peor de esto que les cuento es que ellos mismos se creen sagaces periodistas por averiguar, nada más y nada menos, con quién se acuesta mi prima la de Moscú.
Y es que, al igual que al médico se le exige un título para coger un bisturí deberíamos, mejor dicho, deberían los propietarios o gerentes de los medios, tener un exquisito tacto con los contenidos y sus métodos de difusión. La televisión, las redes y sobre todo Internet, ha ayudado potencialmente a mejorar el mundo y a facilitarnos muchas tareas a golpe de “click”, pero no por ello es menos cierto afirmar que ha sido una bomba de relojería para todo aquel que quiera hacer llegar un mensaje con más o menos rigurosidad.
Nosotros, los periodistas, tenemos que ser recelosos con lo que nos pertenece. Tenemos que mostrarnos exactos, correctos y profesionales independientemente del cargo o de la designación. Tenemos la obligación de no perder la esencia ni los valores de la profesión recuperando para ello su espacio. Tenemos, en definitiva, ese arduo y fantástico reto por delante.
El “Cuarto Poder”, así lo definió Burke a finales del XVIII. Cuarto, junto al Judicial, Legislativo y Ejecutivo. O mejor dicho. Enfrente. Posicionado en el bando opuesto, observando; el “watchdog” del poder, del dinero, de los corruptos. De todos aquellos que se lucran a costa de los de siempre. Bernstein y Woodward fueron capaces de tumbar al hombre más poderoso del mundo a principios de los setenta haciendo bien su trabajo. Por eso, de todos estos impresentables que dicen barbaridades en los medios de comunicación sin ningún rubor y de los infames escándalos políticos de corrupción que nos sacuden me quedo con lo positivo. Veo que gracias a muchos periodistas, que cumplen deontológicamente con su cometido social, todavía queda algo de ese espíritu puro alejado de presiones externas. No pasan por el aro. Desde aquí mi reconocimiento porque en ocasiones sí es necesario plantarse y no ceder con lo que el sistema y los intereses económicos nos dicten.