LANZAROTE ANTE EL ESPEJO ENERGÉTICO: ENTRE LA URGENCIA Y EL SENTIDO COMÚN.

Por Pedro Hernández
La transición energética es, sin duda, uno de los mayores retos de nuestro tiempo. Nadie discute la necesidad de abandonar los combustibles fósiles, reducir emisiones y avanzar hacia un modelo respetuoso con el planeta.
Objetivo ampliamente compartido, ha derivado en un conflicto político, territorial y social que revela algo más profundo: no solo importa qué transición hacemos, sino cómo y para quién.
Desde la publicación de los mapas de Zonas de Aceleración de Renovables (ZAR) en agosto de 2025, el debate ha dejado de ser técnico para convertirse en una cuestión de modelo de isla. Lo que en principio se presentó como una herramienta para agilizar la implantación de energías renovables, ha sido percibido por amplios sectores sociales e institucionales como una amenaza al territorio, al paisaje y a la capacidad de decisión local.
La reacción no es irracional. Lanzarote no es un territorio cualquiera: su fragilidad ambiental, su identidad paisajística y su dependencia del equilibrio entre desarrollo y conservación hacen que cualquier intervención, tenga implicaciones profundas. Señalar amplias zonas como “aptas” para megaproyectos energéticos, es una imposición, que no es tolerable por la mayoría social de la isla.
A esto se ha sumado un elemento dañino: la confusión política. Desde el Cabildo, se restaba importancia a los mapas ZAR, calificándolos de error o de documento sin efectos reales, en paralelo el Gobierno de Canarias se avanza en su desarrollo normativo en contra de la Directiva comunitaria (2023/2413) de transición energética. Esta contradicción ha alimentado la idea de que las decisiones ya estaban tomadas de antemano.
El conflicto ha cristalizado en tres visiones claramente diferenciadas.
1. El modelo de aceleración impulsado por el Gobierno de Canarias, que prioriza la rapidez, la atracción de inversiones y el "cumplimiento" de objetivos energéticos, incluso a costa de concentrar grandes instalaciones en el territorio.
2. La postura de los Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura y varios ayuntamientos, que reclaman planificación, respeto a las competencias insulares y una implantación más ordenada y adaptada a la realidad local.
3. Una vía que emerge desde la ciudadanía: un modelo distribuido, basado en el autoconsumo, las comunidades energéticas, consumo colectivo y el aprovechamiento de espacios ya transformados. Propuesta que no rechaza la transición, sino que la redefine desde abajo.
Esto último, no es utópico. Coincide con las directrices europeas y estatales que apuestan por priorizar cubiertas, suelos urbanizados y generación cercana al consumo antes de ocupar nuevos espacios. Es, además, un modelo que democratiza la energía, reduce la dependencia de grandes operadores y reparte mejor los beneficios.
El debate de fondo es político y ético: ¿queremos reproducir el mismo esquema centralizado y concentrado que caracterizó a los combustibles fósiles? ¿O apostamos por un sistema más descentralizado, participativo y adaptado al territorio?
La experiencia reciente de los impactos y destrozos en otras islas, debería servir de advertencia. Los procesos impuestos, aunque estén revestidos de urgencia climática, generan rechazo social. Y sin legitimidad social, ninguna transición es justa, ni democrática.
Lanzarote se encuentra ahora en un momento decisivo. Los mapas ZAR siguen vigentes, el marco del decreto ley del Gobierno de Canarias, continúa su tramitación. No hay consenso, y eso, lejos de ser un problema, puede ser una oportunidad si se gestiona con transparencia y diálogo real.
Porque la transición energética no puede construirse contra el territorio ni de espaldas a la ciudadanía. Debe ser un proceso compartido, donde la urgencia climática no sirva como excusa.
La pregunta clave no es qué va a pasar, sino de qué dependerá lo que pase. Y la respuesta es clara: dependerá de la capacidad de la sociedad lanzaroteña para hacerse oír, de la coherencia de sus representantes políticos y de la voluntad de aprender de conflictos pasados.
Lanzarote ya ha demostrado en otras ocasiones que sabe defender su territorio cuando es necesario. La lucha contra las prospecciones es una gran lección. Hoy, el desafío no es menor: se trata de decidir qué modelo energético se quiere, pero también qué modelo de isla estamos dispuestas a construir.
No caben equidistancias.
O se está con un modelo impuesto, acelerado y al servicio de grandes intereses, o se está con una transición ordenada, justa y adaptada al territorio.
La historia reciente ya ha demostrado que cuando la ciudadanía de Lanzarote se moviliza, frenan proyectos que parecían inevitables. Hoy, la situación vuelve a exigir esa misma claridad y esa misma firmeza.
AL FINAL, LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA, NO ES SOLO UNA CUESTIÓN DE ENERGÍA. ES UNA CUESTIÓN DE FUTURO.
En un lugar de Canarias a 16.04.2026
Pedro Hernández. Ambientalista.