Lunes, 27 Abril 2026
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Antena Masdache opinion

Por Christian Hellquis

Hay decisiones que no solo se toman mal, sino que duelen. Duelen porque rompen el equilibrio, porque ignoran a la gente y porque dejan una sensación amarga de abandono institucional. Lo ocurrido en Masdache, con la instalación de una antena de telefonía junto a una cancha de fútbol, es exactamente eso, una herida abierta en el corazón de Lanzarote.

Hablamos de un espacio donde juegan los chinijos del pueblo, donde debería reinar la tranquilidad, la seguridad y la vida comunitaria. Y, sin embargo, ahora se levanta una torre que genera inquietud, dudas sobre la radiación, preocupación por posibles riesgos físicos y, sobre todo, una sensación clara de que nadie pensó en quienes viven allí. ¿De verdad este era el lugar más adecuado? ¿no existía alternativa?

Porque no se trata solo de una antena. Se trata de lo que representa. Representa una forma de gobernar que parece dar la espalda a la ciudadanía, que toma decisiones sin consenso, sin sensibilidad y sin respeto por el entorno. Representa la ruptura de ese “encanto” del que tanto presumimos, ese que ha hecho de Lanzarote una isla única en el mundo.

Nos venden constantemente la idea de una “isla premium”, un referente internacional, un paraíso cuidado al milímetro. Pero la realidad empieza a chirriar. Cada vez son más las decisiones que contradicen ese discurso. Cada vez cuesta más creérselo. Y lo de Masdache es un ejemplo claro.Una infraestructura invasiva en un entorno que debería protegerse, no alterarse.

Los vecinos no solo están molestos; están cansados. Cansados de no ser escuchados. Cansados de ver cómo su paisaje, su calidad de vida y su identidad se ven comprometidos en nombre de un supuesto progreso que nadie les ha explicado ni justificado.

Señor alcalde de Tías, la pregunta es inevitable, ¿cómo ha sido posible permitir esto? ¿dónde queda la responsabilidad hacia su municipio? ¿dónde está la sensibilidad hacia una isla que presume de ser diferente, de cuidar su esencia? Porque lo que vemos, sinceramente, apunta en la dirección contraria.

Lanzarote no puede seguir por este camino. No podemos normalizar decisiones que degradan nuestro entorno y generan rechazo social. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras, poco a poco, se desdibuja aquello que nos hacía únicos.

Hoy es una antena en Masdache. Mañana, ¿qué será?

Si de verdad queremos ser una isla diferente, empecemos por respetarnos a nosotros mismos. Porque lo que está en juego no es solo un paisaje, ni una cancha de fútbol. Es el alma de Lanzarote.

 

Christian Hellquis es Secretario de Organización Local de Nueva Canarias-Bloque Canarista en el municipio de Tías


PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Cicar
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
×