Las calamidades de una isla
Por Antonio Coll
Ya llega a ser cansino el tener que escribir sobre proyectos que no llegan a materializarse a pesar de la importancia que tiene para el desarrollo económico y social de la Isla de Lanzarote. En este sentido, la aprobación del PIOT (Plan Insular de Ordenación del Territorio), sigue estancada, siempre con argumentos que no convence a nadie. Las trabas y dificultades para su ejecución, a mi parecer, no tienen explicaciones racionales y solo está consiguiendo la desesperación de una sociedad civil, cada vez más cabreada, por el actuar de la clase política en el poder. Poner la proa de navegación hacia el futuro se percibe, cada día, con más dificultades y no se sabe bien si es por falta de destreza y lucidez de los gobernantes o por la enfermedad crónica idiopática que padece la isla, desde hace muchísimo tiempo. La introducción de un nuevo Plan Insular de Ordenación del Territorio, desplazando al obsoleto Plan del 91, se convertiría en una garantía suprema para potenciales inversores y, sin lugar a dudas, quedaría todo “reglado” no solo para importantes proyectos privados sino para la inversión pública. Es decir que toda la población se beneficia y, por contrapartida, el Plan se convertiría en la mejor fuente para la creación de empleo, tan necesitada la isla para atenuar el elevado índice de paro. El Plan de los noventa es hoy una entelequia que desde hace tiempo, como es obvio, no ofrece soluciones que exige estos tiempos del siglo XXI. Es una obligación moral y de máxima responsabilidad que la clase política dirigente se tomen en serio ya el destino de la isla de Lanzarote. No podemos seguir tolerando el furibundo desprecio que algunos políticos hacen gala sobre el porvenir de un pueblo que, año tras año, tiene que aguantar no solo sus mentiras, sino la apatía en defender los intereses generales de todos los pobladores. La “externa” tardanza en aprobar el PIOT, es un ejemplo más de todas las calamidades que estamos padeciendo, en una isla con un potencial enorme para convertirse en un territorio con el más elevado bienestar de la Unión Europa. Pero para conseguirlo hay que promover el crecimiento económico y social de la isla, diversificando su estructura productiva. Por eso, se reclama la urgencia de la aprobación del PIOT.
A veces me pregunto y me planteo como se puede vivir en una isla, donde abundan tantas “calamidades” en los despachos donde se toman decisiones y se dibuja las directrices del futuro de la isla. Solo con paciencia a base de ansiolíticos. No veo otra forma.