OPINIÓN. Canarias puede convertirse en un problema de Estado
DESDE MI ISLA ATLÁNTICA. Por Antonio Coll
El que avisa no es traidor. El Presidente de Canarias, Paulino Rivero (CC) ha declarado, recientemente, que “Canarias puede convertirse en un problema de Estado”. La interpretación que este escribidor entiende en el fondo y forma del mensaje del presidente canario es que el Estado debe tomar medidas singulares con respecto a la propia “singularidad” de las islas que necesita un tratamiento muy especial, en comparación a otras comunidades. De lo contrario, más pronto que tarde en las islas se puede recrudecer las tensiones, principalmente en los ámbitos sociales y territoriales. Con uno de los índices más altos de desempleo, en comparación al resto de comunidades autónomas y con una economía inestable, basada principalmente en el sector turismo y de servicios, el panorama que se presenta es inquietante.
El empobrecimiento de miles de familias, el desmantelamiento del sector financiero canario, el problema de las aguas territoriales, la incertidumbre de Plan Canarias en cuanto a inversiones, los escasos recursos de muchos ayuntamientos turísticos y los recortes que se están haciendo en la administración pública general, puede originar una descomposición de las islas, con sus pleitos insulares –Tenerife y Las Palmas- y poner en peligro a unas islas atlánticas más cerca del continente africano que europeo. Canarias tiene muchos problemas, agravados ahora por la recesión económica y la crisis de la construcción. Una gran parte de su planta hotelera está obsoleta, circunstancia que le hace perder competitividad y convertir a las islas para un turismo de “mochila” y de “bajo coste”, que gasta mucho menos por lo que también redunda en el sector comercio y servicios.
Si el Estado Español no es consciente de que la última colonia del Imperio que no se independizó en su momento, necesita de más inversiones en todos los ámbitos y apoyo directo a los ayuntamientos y cabildos, para poder cubrir los mínimos servicios que residentes y turistas demandan, se expone a problemas serios, graves y crear conflictos irreversibles. Si se confirma, según todos los sondeos, la llegada de Mariano Rajoy (PP) al Gobierno del Reino de España, solo es de esperar que cumpla con todos los compromisos prometidos por el “moribundo” gobierno actual de Rodríguez Zapatero, que tras una pésima gestión de su equipo económico, en estos casi cuatro años, ha dejado las “reivindicaciones” canarias para el nuevo ejecutivo. El problema de Canarias es que ya no puede esperar.
La bancarrota de muchos ayuntamientos, los problemas de liquidez de los cabildos y los recortes del gobierno canario, están llevado a las islas a un naufragio seguro, por mucho que el turismo se mantenga o suba. Está demostrado que el incremento de la llegada de visitantes no ha creado más puestos de trabajo, porque esta comprobado que ese sector no puede absorber toda la mano de obra existente en Canarias después de la crisis del ladrillo y financiera. El cierre de empresas sigue incrementándose y el desvío de capitales fuera de las islas es una evidencia y, por supuesto, un revés para “refrescar” la economía canaria. También temo que con la tesorería española en números rojos, complicará más la situación de las islas, a no ser que sea la propia Unión Europea la que se ofrezca como auxilio transitorio para estabilizar a la comunidad más alejada de sus “dominios”.
Canarias al no ser un estado no puede resolver sus problemas sola. Los aeropuertos y los puertos canarios pertenecen al Estado y las ganancias de esas importantísimas infraestructuras no se compensan en inversiones reales. Canarias tampoco tiene competencias en asuntos exteriores y sin esa “legitimidad” poco o nada puede hacer para abrirse al continente africano, sino no es con el beneplácito de Madrid. Sirva de ejemplo el transporte marítimo y aéreo con Marruecos y otros países de su entorno, casi inexistente. La “total” dependencia de Canarias con España y la Unión Europea, al final es un problema porque no nos deja avanzar y nos envuelve en políticas dirigidas por la “metrópolis”, que hasta ahora han sido torpes e ineficaces. Canarias necesita de profundas reformas estructurales y un estatuto especial, cercano a las competencias de un estado.
El futuro de Canarias no puede estar condicionado a los gobiernos españoles de turno y sus “apoyos” en el Congreso de los Diputados para que no den “migajas”. Lo vuelvo a remarcar. O el Estado Español cambia su política con respecto a las islas Canarias, o estas pueden convertirse un grave problema de Estado. Dicho queda. Solo espero que el Partido Popular, si consigue gobernar después del 20/N sea más sensible con el hecho insular y la lejanía de un territorio “español” que pide a gritos que sea compensado, al menos, en la misma proporción y con las partidas económicas que el Estado recibe de las islas. Por otro lado, implantar mejores políticas fiscales y de SS, y también permitir a las empresas canarias acogerse a una línea de créditos a través del ICO, sin tantas cortapisas y en las mejores condiciones. Porque si no se reconoce el hecho diferencial del archipiélago, puede ser devastador para el futuro de los canarios y residentes. Y lo peor, crear un grave problema al Estado Español.