OPINIÓN: Cumpleaños
EL FORO DE LOS BALBOS.
Por: Mar Arias Couce.
Mis hijos, los dos (así somos en casa, todo el mismo día para no olvidarnos de las fechas), cumplían años, 5 y 2, el pasado 23 de junio, víspera de San Juan. Tocaba ponerse manos a la obra para organizar su gran día. Cuando yo era pequeña, la celebración habitual de todos mis amigos consistía en juntarse en una casa, comer gusanitos, zumos, sándwich de jamón y queso, y de nocilla, y la tradicional tarta de galletas y crema pastelera. Digo de mis amigos, porque yo tuve la mala suerte de nacer el día de Navidad, y claro, ese día nadie va a las casas de los demás a seguir comiendo, ya tienen bastante con digerir todo lo que les han puesto en el plato en sus propias casas. Era todo sencillo y barato. Ahora, no. Ahora, todos los compañeros de mis hijos celebran sus cumpleaños en algún parque de bolas o en una casa, eso sí con castillo flotante, camas elásticas o el mismísimo Bob Esponja de anfitrión, sirviendo las coca-colas. Cuando yo era pequeña, los platos y los vasos eran de plástico, y en algunas casas hasta se lavaban para aprovecharlos para la siguiente celebración. Ahora están decorados con las imágenes de los dibujos favoritos de los retoños, y cobrados, eso también, a precio de porcelana china. Ahora, en todas las fiestas hay piñatas o bolsa de chuches. Antes, lo único que había era un “ya has comido bastantes guarrerías por hoy, tira para casa que vas directa a la ducha”, de alguna madre de turno aburrida de tanto goloseo. Los regalos ya eran una barbaridad cuando yo era pequeña, demasiados para que les pudiera hacer caso. Ahora la barbaridad alcanza cotas insospechadas. Lo que no ha cambiado es el interés de los niños. Si les has comprado cinco regalitos, siempre, no falla, el que más les va a gustar va a ser el más barato que has comprado casi por rellenar. Por eso, mis hijos miraron con gusto el saltador, el cine, la alfombra musical y la imprenta, pero se fueron al salón con cuatro muñequitos de goma de los Gormitti y con un pelota de Mickey Mouse, respectivamente. “Mamá yo quiero que todos los días sea mi cumpleaños”, sentenció el mayor, henchido de gusto entre tanto juguete. “Yo no”, pensaba inevitablemente, al tiempo que sentía un dolor en el bolsillo muy parecido al que sienten aquellas personas que pierden un miembro en el lugar en el que ya no hay nada. Bueno, habrá que mirarlo desde el punto de vista positivo. Hoy soy un poco más pobre, pero he acogido en casa a la colonia completa de los gormittis, antagonistas incluidos. Y luego me dicen que no tengo familia numerosa.