Sábado, 11 Abril 2026
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DESDE MI ISLA ATLÁNTICA. Por Antonio Coll

Yo conociendo al pueblo catalán, mi segunda ‘patria chica’ amada, tenía una intuición antes de los comicios: Que iba haber una alta participación y que Artur Mas estaba despertando a una parte del pueblo ‘dormido’, de descendencia de otros pueblos del Reino de España, tradicionalmente abstencionistas, pero ante el discurso radical y soberanista de CiU, decidieron participar en las elecciones y optaron por formaciones contrarias a la secesión de Cataluña. Una especie de contraofensiva. La participación en comparación a los anteriores comicios, aumentó en 600.000 votantes. ¡Se dice pronto!

Los liberales y democristianos de Convergencia i Unió tienen ahora un panorama muy desolador al perder 12 diputados y quedarse a 18 de la mayoría absoluta. De 62 pasaron a 50. La mayoría está establecida en 68. Pactar con Ezquerra Republicana -ERC-, de izquierda y laica, que ya en el gobierno tripartito junto a los socialistas de Montilla e IUC, dejaron en la Generalitat un agujero de más de 30.000 millones de euros, es para temblar. Después de hacer el ridículo, la única salida del ‘iluminado’ Artur Mas es darse a la fuga y corriendo. Adelantar unas elecciones a dos años vistas, para dejar a Cataluña ahora más ingobernable porque las medidas económicas que debe tomar para paliar la sangría del déficit interno, sólo lo puede hacer con el PP. Las otras opciones de izquierdas o socialdemócratas le exigirán frenar los ‘recortes’ y ello llevaría a Cataluña a un rescate durísimo, perdiendo el gobierno total hegemonía. La situación es muy seria. La burguesía catalana está asustada y los empresarios, temblando. La deriva mesiánica del líder catalán ha terminado con la desquiciada aventura. Mariano Rajoy, como buen gallego, la noche de los resultados se comió unas buenas ‘ostras’ y ‘respiró’ tranquilo, fumándose un buen Davidoff, frente a su mesa de ajedrez, después de tumbar al ‘rey’ de las piezas negras, haciendo devotos a la Virgen morena de Monserrat, patrona de Cataluña.

PD. : Cuando Artur Mas fue a la mar a pescar, comprobó su olvido de llevar la ‘caña’ en su coche oficial. Al final, esperó a la bajamar y entretenerse, con su chófer, a ‘coger’ cabozos en unos charquitos. Al regreso a la Generalitat, le indicó a su chófer que parara en una pescadería y le comprara 68 peces gordos. La dependienta solo le pudo ofrecer 50 pescadillas. Cuando los vio, exclamó: ¡Pero si son pescados que se muerden la cola!


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