OPINIÓN. Di(s)putado del Común y funcionarios sin función
SI LE DIGO LE ENGAÑO… Por Miguel Ángel de León
Una humorada del cada día más coñón Diputado del Común de Canarias, Manuel Alcaide, ha desatado uno de los mayores debates en la prensa insular. Alcaide, que sabe de sobra que cuando habla en serio se lo toman a broma y cuando habla en broma se lo toman en serio (así está la política y el periodismo en las islas, caballero), sugirió que no deberían ser los policías –un suponer- los únicos funcionarios que fueran o fuesen vestidos de uniforme. ¿Adivinan a quién fue a consultar la prensa sobre tamaña ocurrencia? ¿Al pueblo que les paga el sueldo y el café a los funcionarios de marras? Quita, quita, ni que estuviéramos en un país con fundamento. No, todas las entrevistas que habrás podido leer o escuchar se formularon a los propios funcionarios, que obviamente tienen una opinión un “poquito” interesada, y a los políticos que, por cierto, también son funcionarios sin uniforme ni control alguno por parte de quienes les pagamos los sueldos que ellos mismos se suben a su antojo: los tres partidos con representación en el Parlamento regional (CC, PP y PSOE) sólo se pusieron de acuerdo para subirse los sueldos, allá por el 1 de enero de 2008, ya con la crisis que nos afecta a todos menos a ellos declarada y descarada, aunque por aquel entonces todavía la seguía negando José Luis Rodríguez El Puma (Zapatero, quise decir).
Este mismo Diputado del Común que está ahora al frente de un organismo que nos cuesta a los canarios unos tres millones de euros (3.000.000, han leído bien), y que ha tramitado (ojo, tramitado, no resuelto) unas 1.600 quejas al año, también llamó vagos y chafalmejas (o sinónimos similares, porque escribo de memoria) a los otros diputados del Parlamento autonómico o autómata. Así fue como el tal Manuel Alcaide obró el milagro de poner otra vez de acuerdo a todos los parlamentarios, por encima o por debajo de siglas y supuestas ideologías: le cayeron encima tirios y troyanos por atreverse a llamarlos por su nombre cabal.
Después de llevar ya varios años en al cargo sin cargas, pasando casi tan desapercibido como la gestión que se supone que está llamado a realizar, a este mismo Manuel Alcaide que viste y calza lo habían empezado a cuestionar seriamente en la prensa tinerfeña y grancanaria, sobre todo por algunos pronunciamientos suyos no muy afortunados relacionados con la inmigración ilegal o clandestina. A otros, el concreto nombre del hombre que nos defiende (no se me ría nadie, que un respetito es muy bonito) nos importa tres pimientos. Es el cargo, o la supuesta función la que se ha de realizar desde él, lo que no nos ofrece ni la más mínima confianza. Ni ahora ni nunca antes. Así lo hemos dejado escrito en más de una ocasión. Lo del Diputado del Común, o Defensor del Pueblo de Canarias, es un camelo político. Otro más, quiero decir.
El todavía no expulsado, cesado ni dimitido Manuel Alcaide, encima, tiene dicho y repetido que los lanzaroteños nos quejamos poco ante esa institución. De hecho son/somos los que menos nos quejamos de entre todos los canarios ante el organismo que él todavía representa. Lo cual es tanto como decir que somos de Lanzarote, sí, pero no tontos del todo. De tontos sería, en efecto, que hiciéramos los conejeros el conejo o el canelo acudiendo en amparo de una pomposa institución que no consta que le haya arreglado un problema serio a nadie, salvo involuntario error u omisión por mi parte.
La reciente historia política de España ha demostrado empírica y palmariamente que el mencionado Defensor del Pueblo es, antes que nada, Defensor de su propio cargo. En Canarias, a ese supuesto o presunto Defensor lo hemos dado en llamar -como queda dicho- Diputado del Común, que tampoco es mal chiste. Pero en la “buena labor” del Diputado del Común sólo cree él (es el único que ve un resultado palpable o tangible: cobra a final de mes). Por lo demás, nadie más. Y de igual manera que el sentido común es el menos común de los sentidos, queda claro también que el Diputado del Común es el menos común de los diputados. Y además tiene sentido del humor, el tío guasón.