Martes, 07 Abril 2026
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SI LE DIGO LE ENGAÑO… Por Miguel Ángel de León

Pobre Saramago. Lo que está intentando hacer alguna en su nombre no tiene ni nombre. Y lo peor es que ya no puede defenderse de ella, como sí lo hizo en parte en aquella película-documental en donde le decía a la emperatriz de la casa que iba desnuda (de conocimiento o sabiduría real), pues sólo llevaba encima el traje invisible de la estúpida corrección política, una de las peores herencias que nos han legado los años tontos del talante sin talento de Zapatero. Pero ya hemos escrito aquí demasiado sobre esa impostura, que encima quiere la impostora que se la paguemos los conejeros, aprovechando el papanatismo político y periodístico que sufrimos por aquí abajo, como es triste fama. El PSOE, que muere matando, ya anda premiándola en nombre de su ex marido, que no escribió nunca nada sobre lo que supuestamente motiva el premio. ¿Pero cuándo leyeron los políticos a los escritores?

Hasta aquí puedo leer… por ahora, que habrá que estar vigilantes sobre esa mandanga.

Otro muerto (político), Carlos Espino, aparenta estar todavía vivito y coleando, pero es puro estertor no más. Como todo en él es apariencia, aparentó su dimisión, que en puridad fue expulsión de la Secretaría Regional de lo que va quedando del PSOE en Lanzarote por parte de sus compañeros y sin embargo enemigos. La risible excusa utilizada para justificar esa falsa dimisión fue la de evitar el debate externo (ya se había cargado el interno, desde que llegó al cargo), y entonces convocó a la prensa para censurar que sus compañeros –y compañeras- estuvieran haciendo lo mismo que él: rajando del partido fuera del partido. ¿No fumas, inglés? Eso es echarle morro al asunto y lo demás son cáscaras de lapas, para mi gusto.

Llegó escondiendo la verdad al cargo de máximo dirigente del PSOE insular y se va contando medias verdades: se va para evitar disputas internas. Échale hilo a la cometa y trínqueme usted esa mosca por el rabo, que a mí ya se me escapa.

Allá por donde pasó no volvió a crecer la hierba: Centros Turísticos (los tribunales de Justicia se pronunciarán algún día al respecto de sus mil y un aparentes chanchullos allí cometidos), el Cabildo que presidió en la sombra durante la presidencia ficticia e insostenible de Manuela Armas, “sétera, sétera”, como dijo el redundante concejal de Cultura de turno.

Tuvo un gesto de aparente hidalguía, que aplaudí y aplaudo ahora, pero se demostrará que no era desinteresada cuando se conozca, a pesar de las trababas políticas y de la lentitud judicial, le verdad entera del Caso Unión e hijuelas, donde el PSOE, socio necesario del PIL en los mejores/peores tiempos, no era precisamente inocente, como es fácil imaginar.

Su constante discurso de tierra quemada dejará solo al imputado que presumía de impoluto. A su alrededor empiezan las deserciones. Dejará al partido convertido en un páramo. Un yermo donde estaba prohibido el disenso con el líder único.

Sobre el tal Espino, hay dos datos en los que apenas han hecho hincapié los medios de comunicación pero que yo entiendo, como mínimo, significativos: su total soledad o falta de arrope por el resto de compañeros y compañeras (como escribiría él, con ese infralenguaje políticamente correcto y literalmente estúpido por redundante, innecesario y pesado) a la entrada y salida de los juzgados, meses atrás, y el otro hecho de que, una vez conocido que el juez mantiene su imputación por tres posibles y graves delitos, ninguna fuerza política emitiera o emitiese en su día ni un solo comunicado solicitando la inmediata dimisión o cese del por aquel entonces sectario (secretario, perdón) general que iba dando lecciones de ética y de moral a todos ellos, que no digo yo que no la necesitaran o necesitasen (las lecciones, digo).

Imputado formal y oficialmente, se veía venir –conociéndolo- que el impoluto Espino no dimitiría. Hasta la duda ofende. Y no sólo no lo hizo sino que fue incluso candidato (número dos al Parlamento canario, a donde ni por esas llegó) en las pasadas y pesadas elecciones locales, donde el PSOE obtuvo los peores resultados de toda su historia en esta pobre islita rica sin gobierno conocido.

Al final lo han obligado a dimitir las circunstancias ya señaladas, no su propia voluntad. Y a fe mía que, para lo que trajo, mucho se lleva (incluso un carguito en el des-Gobierno regional y un puesto en la despistada Secretaría regional de este PSOE canario que no es ni sombra de lo que fue). Con su pan se lo coman, y que les aproveche. Te lo regalo.


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