Domingo, 05 Abril 2026
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DESDE MI ISLA ATLANTICA.
Por: ANTONIO COLL

Mientras en estos días nos abrasamos por el calor y bochorno reinante en las islas que, por cierto, hasta las cabras se han tenido que quedar en sus corrales, porque esto si es un castigo de la Naturaleza, recientemente se ha suscitado una polémica, causada por unas informaciones publicadas en el diario tinerfeño El Día, en referencia a unas “supuestas” sociedades en México del Presidente del Gobierno de Canarias, Paulino Rivero y familiares. Sin entrar en las decisiones que pueda tomar un editor o director de un medio de comunicación para publicar cualquier noticia o información que crea más conveniente, el debate se suscita por la falta de veracidad de los hechos y la elección de fecha, vísperas de la reelección del nuevo presidente canario por el Parlamento, constituido el día 21 de junio. Según puedo saber, el supuesto documento-poder general, fechado el 22 de agosto de 1997, firmado en el Consulado de España en México, es el que sirve de corredor para publicar la noticia. El citado documento, al parecer, es falso, según el Consulado General Español en México y ha sido extraído por parte del rotativo chicharrero de una web auto titulada KanariLeaks, desconociéndose, por ahora sus propietarios o autores. En una nota hecha pública por la propia web KanariLeaks, el 23 de junio dice: “Con toda esta información y la recibida en nuestros servidores, seguimos sin poder asegurar que el documento, y la información que contiene, sea veraz…” Los servicios jurídicos del Gobierno Canario han solicitado a la Fiscalía general del Estado “de forma expresa que se practiquen cuantas diligencias sean necesarias para el esclarecimiento de los hechos y que concrete las responsabilidades penales y civiles de El Día por difundir un documento falsificado contra el presidente del Gobierno de Canarias”. Tenemos que aclarar que el objetivo perseguido por el periódico tinerfeño, al menos así lo percibo, era paralizar el nombramiento de Paulino Rivero como presidente del próximo ejecutivo canario. Antes de exponer dónde está los límites de la libertad de expresión o información, quiero hablar antes del vocablo deontología que significa, en su sentido etimológico: “es el estudio o ciencia de los deberes profesionales”. Luka Brajnovic define deontología o ética profesional como “la moralidad, el honor, la honestidad, el deber, la responsabilidad y la obligación de conciencia referidos al ejercicio de una profesión”. ¿Hizo bien el El Día en publicar editoriales e informaciones, basándose solo en una página web anónima y sin contrastar la veracidad de un documento, a través de los organismos oficiales pertinentes? ¿Valoró la dirección del diario la magnitud del daño que se podía causar a la familia de Paulino Rivero y otra tercera persona, si como ahora se está comprobando, resultase falsa o sin pruebas fehacientes que la avalase? Porque después de lo publicado el daño moral está hecho, aunque se confirme que todo es un fraude o chantaje por emisores interesados en perjudicar la imagen del actual presidente canario y su familia. Y otra pregunta que muchos analistas es si todo se basa en una simple “rabieta” de la empresa periodística porque quedó descolgada del concurso público del Gobierno de Canarias para la adjudicación de licencias de emisoras de radio. En este caso sería de una irresponsabilidad manifiesta y por supuesto, repudiable y merecedora de castigo penal y civil. Que conste que yo no critico al El Día ni defiendo al presidente canario, solo quiero exponer mi punto de vista de saber dónde están los límites de la información, es decir ¿dónde está la frontera? En la Universidad de Periodismo, lo primero que te aclaran cuando estudia es que el rumor o la noticia no contrastada es papel mojado por lo que nunca se debe de publicar. Otra cosa es opinar sobre una cuestión u otra, pero siempre sin acusar si no hay pruebas que lo avale. Las libertades públicas, a mi manera de ver, no pueden extenderse ilimitadamente sin que existan frenos. En un sistema democrático existe un orden jurídico general que compatibiliza la convivencia social. Porque yo no digo que se coarte la libertad de expresión o de información sino que se protejan los derechos individuales, su respeto y honor. No se puede difundir informaciones sin garantías de que sean ciertas o veraces. Sin investigar su procedencia ni comprobar su veracidad. Porque de aceptar estas premisas se entra en un círculo pernicioso y perjudicial para la misma libertad de informar o difundir. Por eso es necesario que las empresas de prensa y de comunicación defienda la información libre y plural, pero siempre velando para evitar o autorizar el abuso. En la propia Constitución se recogen los límites específicos: el derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen como límites a las libertades informativas. Son derechos fundamentales personalísimos (art. 18.1 CE.). Queda claro pues el papel decisivo que tienen los mass media en las sociedades actuales y de velar en todo lo que pueda en la dignidad de las personas, si que se coarte la propia libertad de informar y la existencia del sistema democrático.
Valdría la pena preguntarse si cuando se publican informaciones que me han llevado a escribir esta entrega, se ha hecho con buena o mala fe, sin entrar en su “veracidad” o no. Y por supuesto, yo estoy en contra de que se contamine el apasionante oficio del periodista y de los propios medios. Y dejo al margen lo de ser independiente o no, porque eso es otra historia.
PD. Cuídense de la “calor”, porque después del largo proceso de los pactos, lo que más requería el “cuerpo” era aíre fresco. Pero ante la madre naturaleza no podemos luchar. En San Juan y ante las hogueras hagan prerrogativas por el bien de nuestros agricultores y ganaderos, porque ellos no poseen “aire acondicionado”.


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