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OPINIÓN. Manías paternofiliales

EL FORO DE LOS BALBOS. Por Mar Arias Couce

A estas alturas de la película, diecinueve meses después de su nacimiento, empiezo a pensar que mi hijo pequeño nos tiene manía. Al principio era comprensiva, era un bebé y había que entender que la criatura llorara toda la noche, ya fuera por hambre, por sed, por calor, por frío, por ganas de molestar un rato… cuando cumplió un año, fuimos asumiendo ya, que nos había tocado uno de “esos niños” que no duermen toda la noche hasta que tienen unos cuantos años (¿dieciocho?), lo que pasa es que el cuerpo se va agotando y se va perdiendo el buen humor. Pasado el año y medio, tenemos la impresión, por no decir la certeza, de que este niño va a ser un noctámbulo empedernido y como se aburre por las noches, pues se pasa el rato despertándonos. Llegados a este punto, la cosa, lógicamente, comienza a tener consecuencias. La última noche, nos despertó a las doce para tomarse un chupito lácteo (se ve que se había quedado con hambre), a las 3.a.m, para acabarse lo que quedaba de biberón, a las 4.a.m. para dejarnos constancia de que seguía en casa y no había salido, desde ese momento a las 5 a.m. lloró sin parar hasta que lo metimos con nosotros en la cama, de puro agotamiento (y con la voz de fondo de mi media naranja diciéndole, totalmente en serio, “ya verás cuando tengas 18 años y te acuestes a las tantas, te pienso despertar cada media hora durante toda la mañana”.. y alguna que otra barbaridad más que prefiero omitir) y a las seis y media, cuando sonó por fin el despertador y se quedó solo en la cama, se dio la media vuelta, se empotró el chupete, y se relajó totalmente, dispuesto a dormir como quién no ha roto un plato en su vida. Cuando comentó lo cansada que estoy de no poder dormir desde hace tanto tiempo, la gente, que por lo general es comprensiva y amigable, invariablemente me cuenta cosas como que sus hijos no durmieron una noche seguida hasta los cuatro años, o ya verás después cuando empiecen a salir lo que es no dormir, ya nunca más volverás a descansar tranquila por que es lo que tiene tener niños… vamos unos comentarios alentadores y llenos de entusiasmo filial que te dan ganas de mandarlos a freír puñetas y de sugerirles que le vayan a dar su opinión a su santa abuela, que a buen seguro tuvo que soportarlos estoicamente a ellos por las noches. Por las mañanas, se levanta con su carita redonda y sonrosada, fresco como una lechuga y se tira en plancha (sobre los restos porque, lógicamente, ya no se nos puede llamar personas) a darnos un cariñoso abrazo filial, y se te pasa todo el enfado. Te tomas siete tazas de café, te restauras como puedes con dos kilos de pintura Titanlux y te vas a currar, con la completa seguridad de que te vas a enterar de menos de la mitad de lo que te digan. Sueño (despierta, claro) con la noche en que, por fin, deje de despertarse. No sé que harán entonces mis ojeras. La verdad, tampoco me importa.

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