OPINIÓN. Tres patas para un banco, elecciones a la vista
DESDE MI ISLA ATLÁNTICA. Por Antonio Coll
Ha comenzado la campaña electoral municipal y autonómica. Los candidatos están todos nerviosos, como les pasa a los caballos de carrera encajonados antes de que la misma comience. Y aquí no vale llegar el segundo. Recuerden aquel dicho de que el segundo es el primero de entre los peores.
Ahora hemos de prepararnos para los mítines y las mentiras imaginativas. Recuerden estimados lectores. Los mejores tiempos de Zapatero prometiéndonos la salida de la crisis, el pleno empleo y el oro y el moro. Un socialista de pura cepa, el que fuera alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, decía que las promesas electorales se hacen para no cumplirse. Y en eso los socialistas son verdaderos especialistas y saben manejar muy bien la propaganda y el marketing.
Pues ahora vienen las elecciones, las que más interesan a los distintos pueblos de las islas y donde se juega el futuro por un periodo de los próximos cuatro años. Así que voy a ver si soy capaz de digerir las grandes promesas, que van a cumplir y cuales hacen cual charlatanes de feria, para engañarnos y conseguir el voto del sufrido electorado.
Yo les voy a dar mi opinión, personal y objetiva en lo que cabe, ya que se trata de cuestiones siempre controvertidas.
Igual que se emplea la expresión de tres patas para un banco, para referirse a tres personas inútiles, pero también para lo contrario, yo me voy a referir a las tres cuestiones angulares de nuestra isla, de entre las muchas que hay que tener en cuenta a la hora de analizar la riada de promesas que se nos viene encima.
Y aquel político que sepa enfocar bien estas tres cuestiones tiene media carrera de ventaja. Me estoy refiriendo al agua potabilizada (Inalsa), a los Centros Turísticos y a nuestra situación en el contexto turístico mundial. En próximas entregas les comentaré sobre el Palacio de Congresos, aeropuerto, campus universitario, planes de ordenación urbanas y del territorio, mejorar la calidad de los barrios, sobre todo de Arrecife, zanjar definitivamente el conflicto del Islote del Francés, puerto deportivo y de cruceros, etc.
Reducir el precio del agua
La primera, lo de Inalsa, porque el agua potable es tan necesaria para nuestra isla como el aire. Según parece, hasta ahora las desaladoras han servido principalmente para que medren los políticos de turno, realizando una pésima gestión que ha llevado a la compañía a la ruina, sin que nadie tenga claro cual es la salida. Se han apuntado soluciones peregrinas como privatizar Inalsa o subir la tarifa un 40% por parte de los administradores concursales. Por otra parte he escuchado por algunos que han “naufragado” Inalsa, ahora quieren convencernos de que ese hundimiento se debe a que el agua es barata, pero poco se ha hablado de los convenios colectivos y del “despilfarro” y no solo me refiero al agua que se pierde.
Hace unos días hablaba con un colaborador habitual de este semanario, el abogado y economista, José Ignacio Sánchez Rubio, y me decía que la solución del agua en Lanzarote, aun no siendo sencilla, existe. Y esa solución no solo no incluía la privatización, sino que además, según sus estudios, el agua debería reducir su precio, de forma paulatina, hasta llegar a un 50% respecto de las tarifas actuales. Me señalaba que el precio que actualmente pagamos por el agua que como mínimo es 1,07 Euros por metro cúbico, tendría que situarse en alrededor de 50 céntimos. Según se informaba hace unos días fuentes oficiales, se pierde por fugas de la red, cerca de la mitad del agua que produce Inalsa, así que parece que no anda tan descaminado mí estimado José Ignacio, si tenemos en cuenta ese factor. Y no solo eso, sino que Inalsa tiene la posibilidad de embotellar agua, y dispone para ello de la marca “Chafariz”, y la tiene abandonada de forma incomprensible, cuando podría ser una fuente de negocio para la empresa pública y compensar las pérdidas.
Además, el agua es una necesidad social en nuestra isla, donde no hay otros recursos líquidos que el agua desalada. Es imperante así que el agua sea considerada como un bien de primer orden. Don José Ignacio se preguntaba por qué la sanidad y la educación son gratuitas y no lo es el agua de consumo humano. Naturalmente, esta circunstancia no ocurrirá pero si se puede abaratar los precios en la distribución doméstica y fijar tramos de consumo, subvencionando a las familias numerosas y con bajo poder adquisitivo.
Los Centros Turísticos, estructuración profunda
La segunda de las patas del banco son los Centros Turísticos. No se por qué, casi nadie plantea la cuestión en términos de que estos Centros Turísticos, vinculados íntimamente a lugares monumentales del patrimonio insular, constituyen un esfuerzo de nuestro Cabildo para mantener estos espacios monumentales y, al tiempo, de dotar a la isla de unos atractivos turísticos de primer orden, los miles de visitantes deben de financiar la explotación con las entradas y ventas de productos en la red de tiendas. El error, en mi opinión, estriba en no haberse realizado una estructuración profunda, separando la explotación de la restauración para que ésta sea privada ya que entiendo que el Cabildo no está para vender bebidas y comidas. Soy defensor a ultranza de que los Centros siga funcionando como empresa pública, pero ello no significa que no pueda ser rentable o autofinanciarse sin tener que utilizar los fondos de los presupuestos del Cabildo. Ya sé que una empresa pública nunca podrá funcionar como empresa privada, ya que la empresa privada tiene un objetivo primordial, que es ser rentable para sus propietarios, mientras que el objetivo fundamental de la empresa pública es el bien común, ser rentable para todos e impedir que esos espacios monumentales caigan en manos privadas por su mala gestión. Pero claro, lo que tampoco es permisible es que esos Centros Turísticos se empleen como cortijo privado de los que están en el poder y sirvan únicamente para su beneficio temporal, en lugar de ser fuente de beneficios para todos. O lo que es lo mismo, los Centros Turísticos hay que mantenerlos aunque tengan “pérdidas”, pero con una gestión eficiente, en la que se den cita los tres principios económicos básicos: economicidad, productividad y rentabilidad.
Situación turística y el futuro decisivo.
La tercera. Es claro que en nuestra Isla no podemos aspirar a crear un tejido industrial que nos de puestos de trabajo; a pesar del petróleo que dicen que hay en nuestras costas, tampoco me parece que debamos pensar en ese recurso como solución a nuestros problemas económicos; la agricultura, por la naturaleza agreste y seca de nuestra orografía y por mil razones más, tampoco nos sacará de pobres y tampoco parece que podamos poner nuestra mirada en la pesca hasta que no se resuelva el conflicto del Sáhara Occidental y pase a manos, definitivamente, del Reino de Marruecos. Es cierto que tenemos mar, sol la práctica totalidad del año y una isla llena de encantos. Por supuesto no estoy descubriendo nada, pero es en este punto donde nuestros políticos del Cabildo y Corporaciones Municipales tienen que volcarse. Porque el objetivo es que el turista que llega a Lanzarote se quede tan sorprendido y tan encantado, que vuelva más veces. Hay que consolidar nuestro destino, renovando la planta hotelera obsoleta y ofreciendo más calidad en todos los servicios. Hoy se sabe que el turista con poder adquisitivo medio-alto está dispuesto a pagar un poco más si encuentra zonas turísticas no masificadas y seguras.
Ahora que llegan las elecciones, en momentos en que la crisis nos azota por todas partes y las cifras de paro en Lanzarote superan al 25% de la población activa, es el momento de pensar un poco antes de dejarse embaucar por charlatanes de feria. Pensemos todos en que los próximos cuatro años, dentro del marco económico actual, van a ser decisivos para Lanzarote y Canarias. Con esto quiero decir que no son unas elecciones cualquiera ya que la recesión económica y el devastador desempleo obliga a contar con políticos preparados y eficientes gestores. Estoy convencido de que Lanzarote y Canarias tiene futuro. Solo hace falta imaginación y mucho trabajo.