OPINIÓN | ZP, no soy digno de que entres en mi casa
SI LE DIGO LE ENGAÑO. Por Miguel Ángel de León
El peor presidente de lo que llevamos andado de falsa democracia en España, José Luis Rodríguez El Puma (Zapatero, quise decir) nos vuelve a conceder el inmenso honor a todos los conejeros y adosados de privilegiarnos con su estancia en Lanzarote durante casi todo el inhábil mes de agosto del año de crisis (que él no columbró en el horizonte ni de lejos) de 2012, favor por el cual le quedaremos eternamente agradecidos al lince ibérico. El Cielo se lo pague, que yo no llevo suelto.
El ex presidente se ha dejado caer por esta pobre islita rica sin gobierno conocido tanto antes, como durante y después de su lamentable paso por el Gobierno de lo que va quedando de España. Meses atrás vino por aquí abajo, casi de tapadillo, con la intención de buscar casa o choza definitiva en Lanzarote. Y ahora en agosto tendrá mucho más tiempo para no hacer nada (mira, igualito que en sus ocho años del desgobierno del buen rollo adanista y vendehúmos) y para mirar más detenidamente el lugar adecuado para seguir contando nubes bajo el cielo conejero.
Atrás quedan sus fugaces moradas en la mal llamada residencia real –y la tuya te la encontraste en la calle- de La Mareta, donde la mujer del ex presidente recién aterrizado en Moncloa hizo por aquel entonces aquellas costosas “reformitas de nada” a cuenta del erario público, porque ella lo valía. Una minucia de gastos si lo comparamos con la promoción que dicen que genera tamaña y tan destacada visita. “No te vayas”, como dice el socarronamente viejo canario y guasón.
La última vez que hacíamos referencia escrita aquí mismo a los caprichitos del matrimonio ZP en Lanzarote, otros portales digitales de la Península colgaron esta columna por ahí afuera, para que sus lectores no adictos al PSOE rajaran contra la familia Zapatero y los lectores de tendencia psoecialista me dijeran de todo menos batatero. Gajes del oficio. Tanto daño me hagan como miedo les tengo.
Anécdotas pueriles al margen, importa lo que importa: la buena nueva de la vuelta de Zapatero a esta Lanzarote que se encamina de forma decidida y valiente hacia los 20.000 parados, miles de los cuales se los debemos en gran parte, como es triste fama, al ex presidente que por motivos electorales negó la crisis después de que cantara el gallo mil veces la misa contraria.
Total, que toca entonces, a pesar de los pesares y de él mismo, portarse bien con tan ilustre personaje y ejercer de buenos anfitriones (el mejor anfitrión siempre es el que menos molesta al invitado o huésped principal). Habrá que dejar descansar en paz a Zapatero, el hombre tranquilo que busca la falsa tranquilidad lanzaroteña y que tan poco y tampoco se parece al John Wayne de la película del mismo nombre del que está considerado como el mejor director de la historia del cine, su tocayo Ford. Que no le inoportunen al ex los curiosos, los cámaras, los camareros, los camaradas conejeros o los culichiches del corazón cotorra. Dejen descansar a ese hombre, por caridad cristiana. Igual aquí, en la isla más seca de España y de parte del extranjero, encuentra Rodríguez Zapatero los brotes verdes que nos prometió el que también había hecho la promesa del pleno empleo, y tiro porque me toca.
Siéntase usted como en su casa, cristiano. Aunque para lo que nos trae mucho se lleva, como el peninsular que deviene en godo, de esta penúltima promoción zapatera de Lanzarote no nos van a caber los turistas en los hoteles en los próximos meses. Como si lo estuviera –o estuviese- viendo.