Martes, 04 Agosto 2026
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Plataforma Renovables Sí, Pero No Así

  • Lancelot Digital

La decisión del Cabildo de Lanzarote de rectificar su posición respecto a la propuesta de implantación de grandes infraestructuras energéticas supone una buena noticia para la isla. Las instituciones también fortalecen su legitimidad cuando son capaces de escuchar, revisar sus decisiones y responder al debate público.

Rectificar es una muestra de responsabilidad.

Esta decisión ha sido posible gracias a una ciudadanía activa, a colectivos sociales, profesionales, investigadores, ayuntamientos, partidos políticos y numerosas personas que, desde posiciones diversas, coincidieron en una idea fundamental: la transición energética es imprescindible, pero no puede hacerse de espaldas al territorio ni a quienes lo habitan.

Durante demasiado tiempo se ha planteado un falso dilema: aceptar grandes infraestructuras energéticas o renunciar a la transición ecológica. Esa dicotomía es falsa. La cuestión es otra: ¿qué modelo de transición energética necesita Lanzarote?

La singularidad ambiental, paisajística y cultural de la isla exige respuestas propias.

No es razonable trasladar modelos concebidos para otros territorios sin analizar previamente su compatibilidad con una isla reconocida internacionalmente por la calidad y fragilidad de su paisaje.

La rectificación no basta.

Ahora corresponde abrir una segunda etapa:

Un Plan Insular de Transición Energética, construido desde el consenso social y el conocimiento científico. No un documento elaborado desde los despachos, sino una estrategia compartida entre el Cabildo, los ayuntamientos, la ciudadanía, los sectores económicos y las organizaciones sociales.

Ese plan debería desarrollarse por fases, estableciendo prioridades claras.

La primera consiste en reducir la demanda mediante políticas de ahorro, eficiencia y decrecimiento energético.

La segunda, impulsar de manera decidida el autoconsumo doméstico, empresarial y público, junto con las comunidades energéticas locales.

La tercera, aprovechar prioritariamente cubiertas de edificios, aparcamientos, polígonos industriales y otros espacios ya transformados antes de ocupar nuevos suelos.

La cuarta, impulsar unidades técnicas de asesoramiento para facilitar la incorporación a la transición energética.

La quinta, que el plan sea de transición ecosocial e incluya agua, movilidad, residuos, energía y soberanía alimentaria.

Paralelamente, deben abordarse las redes eléctricas.

Y también impulsar soluciones de almacenamiento adaptadas a la realidad insular.

No se trata únicamente de producir energía renovable. Se trata de decidir quién la produce, dónde se instala, cómo se distribuyen sus beneficios y qué modelo territorial queremos dejar.

Lanzarote dispone de condiciones excepcionales para convertirse en un referente internacional de una transición energética y ecosocial inteligente, descentralizada y democrática. Una transición que aproveche el extraordinario potencial solar de la isla sin comprometer el paisaje, que constituye uno de sus principales patrimonios ambientales, culturales y económicos.

El debate abierto deja una enseñanza valiosa. La sociedad lanzaroteña no rechaza la transición energética; rechaza que se le imponga un modelo sin participación y sin adaptación a la realidad insular.

El Cabildo ha dado un paso importante al rectificar.

Ahora tiene la oportunidad de liderar un proceso mucho más ambicioso: construir, junto con toda la sociedad, una hoja de ruta capaz de demostrar que otra transición energética y ecosocial es posible.

Ese es el verdadero reto. No elegir entre renovables o territorio, sino demostrar que la mejor transición es aquella que protege el territorio en una isla como Lanzarote, donde el paisaje no es un obstáculo para el desarrollo.

En un lugar de la Pachamama, a 4 de agosto del caluroso año de 2026.

Plataforma Renovables Sí, Pero No Así.

 


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