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Una oportunidad perdida

Por Narvay Quintero

 

No creo que haya nadie en esta tierra que no valore el trabajo que han hecho nuestras mujeres y hombres del sector primario que, desde el primer día del estado de alarma hasta hoy, de forma incansable, no han dejado de trabajar un solo día para garantizar el abastecimiento de nuestros mercados, tiendas de alimentación y supermercados. Incluso durante esos primeros días de incertidumbre en los que las cifras de contagios, ingresados en UVI y fallecidos nos hacía encogernos de preocupación y angustia y refugiarnos en nuestras casas, ellos y ellas salían todos los días a dar de comer a sus animales, a recoger y sembrar, y a faenar para que no faltara un producto en nuestras mesas.

 

Y lo hicieron, como seguirán haciéndolo, con la incertidumbre de no saber qué va a pasar. Un sector que vivía ya, antes de la pandemia, una crisis que los llevaba a preparar una gran manifestación para alertar de sus problemas y para exigir un precio justo por los productos que elaboran. Un sector que mira a Europa con enorme preocupación ante los avisos de recortes que llegan desde Bruselas y con la incertidumbre de saber qué va a ocurrir con el PSOEI o el FEMP.

 

Pues bien, esos hombres y mujeres, que no dudaron en seguir trabajando cuando todos nos resguardamos en casa son los grandes olvidados de la administración. Mientras el Gobierno se lanza a buscar ayudas para otros sectores productivos, nada se ha hecho por el sector primario. Lo aprobado y publicado en el Boletín Oficial de Canarias relacionado con el campo, la ganadería y la pesca tiene más que ver con el buen hacer de los funcionarios y trabajadores de la Consejería que, conscientes como son de la importancia de este sector, han seguido impulsando expedientes, que con la pandemia. Hemos visto publicadas órdenes, sí. Las de pagos y convocatorias que o bien respondían a la gestión del anterior gobierno o las que “tocan” dentro de la gestión ordinaria. Pero poco más.

 

Y si poca respuesta ha tenido el Gobierno para el sector en mitad de la pandemia poco o nada se ha aprovechado el tiempo para trabajar en el ‘día después’. Un precioso tiempo que se ha perdido en declaraciones y buenas intenciones y no se ha aprovechado para planificar, buscar alterativas, innovar y proponer acciones y políticas que fortalezcan al sector primario, y todos sus subsectores puesto que no todos sufren la crisis con la misma intensidad, durante la crisis económica.

 

Mucho está tardando este Gobierno en vincular las ayudas que se está buscando para otros sectores económicos, como el turismo, a un apoyo al sector primario; buscando la forma de que esos hoteles y establecimientos se liguen al consumo de producto local. Una forma de multiplicar el impacto de esas políticas y de llevar el programa Crecer Juntos que tantos beneficios generó para las dos actividades económicas a otra dimensión. Una acción política que tendría una clarísima repercusión entre nuestros hombres y mujeres del mar y de nuestro campo.

 

Como la tendría también llenar las cocinas de nuestros centros sanitarios y sociosanitarios, así como las compras para las familias más dañadas por la crisis, de productos kilómetro cero. Campañas de concienciación, puesta en valor de los productos, garantizar precios… muchas líneas de trabajo que permitirían abrir una ventana de esperanza a un sector. Gestión y planificación que hubieran convertido estos meses de reclusión en tiempo bien empleado. Pero no. Ha ganado la inacción y el seguir la corriente y todo este tiempo, tristemente, será tiempo perdido.

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