Lunes, 17 Agosto 2026
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Ventanilla unica opinion Ariagona

Por Ariagona González

 

Desde 2003 hasta el día de hoy, 1.372 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas o exparejas. Para quienes quieran llamar a esto — y ahí entra la ideología, porque todo esto es ideología — violencia intrafamiliar, recordarles que estos asesinatos se producen en un contexto de violencia que tiene raíces estructurales y que convierte a las mujeres en víctimas precisamente por su condición de mujeres.

Pero esta cifra de 1.372 mujeres es solo la punta del iceberg: la que vemos en las noticias, en las concentraciones, en los minutos de silencio. La cruda realidad es que, a día de hoy, hay 109.410 mujeres víctimas de violencia de género cuyos casos han sido reconocidos y registrados en el sistema VioGén, de las cuales 53.818 tienen menores a su cuidado.

Por más que las medidas de protección salven vidas cada vez que se produce un asesinato machista nos invade una insoportable sensación de frustración y fracaso. Sensación que solo desaparecerá cuando desaparezcan los asesinatos machistas y, para conseguirlo, hay que mejorar y ampliar los recursos de los que disponemos.

Existe una amplia variedad de recursos a los que pueden acudir las mujeres que sufren violencia: servicios sociales del Gobierno de Canarias, del Cabildo, y de los ayuntamientos, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Administración de Justicia, servicios especializados de igualdad y, por supuesto, asociaciones que luchan contra la violencia de género. Aun así, la existencia de todos estos recursos no siempre se traduce en una atención verdaderamente integral.

Y aquí llega otro golpe de cruda realidad. Si para una mujer ya es duro reconocerse primero a sí misma que está siendo maltratada por su marido o pareja, después llega la dureza, la tristeza y la vergüenza de ir contando su historia de puerta en puerta y de despacho en despacho al primero que aparezca. Y es que ninguna mujer debería tener que contar cinco veces la historia de la violencia que ha sufrido para recibir protección.

La respuesta no puede ser otra que colocar a la víctima en el centro del proceso de atender, proteger y acompañar, mediante la creación de una ventanilla única de asistencia a las víctimas de violencia de género.

La puesta en marcha de la historia única, un mecanismo capaz de centralizar la información, es imprescindible, pero no suficiente. Colocar a la víctima en el centro del proceso supone no confundirla con su historial. No basta con que no tengan que moverse sus datos, es ella la que no debe verse obligada a deambular por diferentes administraciones, perdida entre solicitudes de cita previa mientras acumula horas en salas de espera.

Si existen ventanillas únicas para trámites empresariales y económicos, si existen ventanillas únicas para energías renovables, ¿cómo es posible que no exista una ventanilla única dirigida a proteger y salvar la vida de las mujeres?

Ninguna mujer debería tener que peregrinar de administración en administración, de formulario en formulario y de trámite en trámite repitiendo una y otra vez la violencia que ha sufrido, para conseguir la protección que merece.

 

Ariagona González


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