Martes, 08 Septiembre 2026
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Hubo un tiempo en que el ocio sonaba a monedas de veinticinco pesetas. Quien creció en los ochenta o noventa lo recuerda bien: la máquina de marcianitos del bar, el salón recreativo de la esquina, la paga de la semana gastada en tres partidas. Hoy ese mundo cabe en un bolsillo. El camino que va de aquellas salas llenas de ruido a la pantalla del móvil dice mucho de cómo hemos cambiado, también en las islas.

La época dorada de los salones recreativos

Entre mediados de los ochenta y mediados de los noventa, España vivió el gran auge de las recreativas. Según recuerdan antiguos dueños de salones, en una sola ciudad mediana llegaron a convivir siete locales a la vez, y hasta en pueblos de menos de 2.000 habitantes había salón propio. El declive, cuentan los mismos protagonistas, llegó a finales de los noventa, cuando las videoconsolas y el PC se llevaron las partidas a casa.

En Canarias, aquella memoria no ha desaparecido del todo. Empresas como la tinerfeña Canariarcades restauran hoy máquinas originales de la época y las exhiben en citas y ferias tecnológicas como la TLP Tenerife, donde siempre hay quien se anima a echar una partida de las de antes.

El ocio en vivo llena la isla

Otra parte del ocio, en cambio, ha crecido hasta cifras que los años noventa no habrían imaginado. Lanzarote cerró 2025 con un récord histórico de casi 3,5 millones de turistas, y los grandes eventos se han convertido en parte del atractivo. El Lava Live Festival rozó este verano las 40.000 asistencias en cuatro jornadas, una media de unas 10.000 personas por día, con una nota de 9,5 entre el público, y ya tiene fechas para 2027. Conciertos, gastronomía, ferias: el ocio presencial goza de buena salud en la isla.

[EMBED: YouTube — https://www.youtube.com/watch?v=IgQjI7yLg2g — "Lanzarote - A Unique Island", canal oficial de Turismo Lanzarote]

La pantalla se muda a casa

El resto del tiempo libre, cada vez más, transcurre frente a una pantalla. Según el panel de hogares de la CNMC, dos de cada tres hogares españoles con internet usan al menos una plataforma de streaming de pago, y más de uno de cada cinco acumula cuatro o más. Los videojuegos ya no son cosa de adolescentes: en España juegan más de 22 millones de personas, unas ocho horas y media a la semana de media, y el móvil es la plataforma más usada con 18 millones de jugadores. El último anuario del sector incluso amplió el estudio hasta los 75 años, porque también juegan los abuelos: más de la mitad de la población española de entre 6 y 75 años echa sus partidas.

Probar antes de jugar: la era del modo demo

Dentro de ese ocio digital hay una costumbre nueva que a los veteranos del salón recreativo les habría parecido ciencia ficción: probar gratis antes de decidir. La industria del videojuego la ha convertido en norma. El festival de demos de Steam, sin ir más lejos, ofreció este año unas 4.000 demos gratuitas de juegos aún por estrenar.

La misma lógica ha llegado al ocio más casual. Las tragaperras clásicas, herederas directas de aquellas máquinas de bar, hoy tienen versiones digitales que se pueden probar en modo demo, con crédito virtual y sin dinero real de por medio. En portales como slotjava hay miles de estos títulos disponibles gratis, y para muchos usuarios funcionan como pura curiosidad retro: ver cómo ha evolucionado un formato que conocieron en los bares de su juventud.

Conviene recordar el marco: el juego con dinero real está regulado en España por la Dirección General de Ordenación del Juego, es exclusivo para mayores de 18 años, y quien quiera informarse dispone de recursos públicos como JugarBIEN.es. El modo demo, precisamente, permite mirar sin apostar nada.

Lo que no cambia

El soporte cambia cada década, pero lo que buscamos apenas se ha movido: un rato de juego, algo de compañía. Lo contaban ya los dueños de aquellas recreativas y lo confirman las cifras de hoy. Quizá por eso la nostalgia de las recreativas convive tan bien con el ocio nuevo. Quien de niño gastaba la paga en el salón de la esquina hoy enseña esas mismas máquinas a sus hijos en una feria y por la noche vuelve al sofá, a la serie de turno o a una partida en el móvil. El círculo se cierra con naturalidad. En eso, los canarios de 2026 no se diferencian tanto de los de 1986. Solo que la partida ya no cuesta ni veinticinco pesetas.

 


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