El auge de la segunda mano dispara la demanda de peritajes: cuando el coche usado deja de ser una ganga inocente
Hubo un tiempo en que comprar un coche de segunda mano era casi un acto de fe. Se miraba la carrocería a contraluz, se escuchaba el motor como quien ausculta un pecho con más intuición que método y el trato se cerraba con un apretón de manos. Hoy, en cambio, la escena se parece más a una pequeña investigación forense. El auge del mercado de ocasión, impulsado por la inflación, los retrasos en la entrega de vehículos nuevos y la incertidumbre económica, ha transformado la compraventa en un terreno donde la confianza ya no basta. Ahora se buscan pruebas. Y esas pruebas, cada vez más, tienen forma de peritaje técnico.
En este nuevo escenario, la realización del protocolo por parte de la empresa Informes Mecánicos es uno de los indicadores más fiables para una buena compra. Esta compañía está especializada en la revisión de coches de segunda mano por peritos colegiados. Ofrecen diagnóstico electrónico, prueba en carretera y detección de vicios ocultos.
Cuanto más se encarece el coche nuevo, más se recurre al usado; y cuanto más se recurre al usado, más aparecen vicios y fallos derivados de su uso en el pasado. El coche que parecía una oportunidad puede revelar, tras una inspección rigurosa, defectos ocultos.
El crecimiento del mercado de segunda mano
El crecimiento del mercado de segunda mano en España ha sido sostenido en los últimos años. Por cada coche nuevo que se matricula, se venden varios de ocasión. Los precios de los vehículos nuevos han aumentado notablemente debido al coste de la tecnología, las normativas medioambientales y las tensiones en la cadena de suministro. Frente a ello, el coche usado aparece como un refugio económico, una solución pragmática.
El comprador quiere pagar menos hoy, pero puede terminar pagando más mañana si el vehículo arrastra daños estructurales, manipulaciones en el cuentakilómetros o reparaciones deficientes tras un accidente. Los peritajes independientes han pasado a convertirse en una herramienta de prudencia elemental y cada vez más indispensable. Es, si se quiere, el equivalente mecánico a pedir una segunda opinión médica. Nadie sensato se sometería a una operación sin diagnóstico claro; ¿por qué habría de invertir miles de euros sin conocer el verdadero estado de la máquina?
Las peticiones de vicios ocultos
Los datos recogidos por empresas del sector reflejan un incremento en las consultas relacionadas con defectos ocultos y problemas estructurales. En particular, se ha observado un crecimiento en las peritaciones de vicios ocultos. Bajo este último término se agrupan averías graves que no eran visibles en el momento de la compra y que comprometen el uso normal del vehículo. Así, el comprador busca seguridad en un mercado más accesible, pero termina descubriendo que la accesibilidad no siempre va de la mano de la transparencia.
No se trata de demonizar el mercado de ocasión. Sería injusto y, además, inexacto. Muchos vehículos usados ofrecen años de servicio fiable y representan una opción sensata y sostenible. De hecho, prolongar la vida útil de un automóvil puede considerarse un gesto ecológico, una forma de consumo responsable. Sin embargo, el problema surge cuando la información es asimétrica. El vendedor conoce el pasado del coche; el comprador, apenas su presente maquillado. Y entre ambos se alza la figura del perito.
El aumento en la detección de averías graves antes de la compra revela algo más profundo que simples fallos mecánicos. Habla de una cultura que comienza a desconfiar de la apariencia. En tiempos donde todo puede retocarse, la inspección técnica se convierte en un acto de resistencia frente a la superficialidad.
Las averías más comunes
Entre las averías más comunes detectadas en estos informes previos se encuentran daños estructurales derivados de accidentes mal reparados, problemas en sistemas electrónicos complejos y manipulaciones en el kilometraje. Estos fallos y problemas pueden ser claves en la vida útil del vehículo y en su uso por parte del comprador. Los vehículos modernos, cargados de sensores y centralitas, son prodigios tecnológicos, pero también laberintos electrónicos donde un fallo puede multiplicar los costes de reparación. Así, el coche contemporáneo es más seguro y eficiente que nunca, pero también más vulnerable a averías costosas.
Ya no basta con revisar la documentación o dar una vuelta a la manzana con el coche. Muchos usuarios solicitan inspecciones exhaustivas antes de firmar el contrato, conscientes de que el ahorro inicial puede evaporarse en el primer taller. La transparencia, al fin y al cabo, beneficia a todos: al comprador, que reduce riesgos; al vendedor honesto, que puede demostrar el buen estado de su vehículo; y al conjunto del sector, que gana credibilidad.
En última instancia, el auge de los peritajes no es solo una noticia del sector automovilístico. Es un síntoma cultural. Vivimos en una época que valora la información verificable por encima de la intuición, el dato contrastado sobre la promesa.
Comprar un coche de segunda mano seguirá siendo, en la mayoría de los casos, una decisión inteligente. Pero ahora, más que nunca, conviene recordar que bajo la pintura brillante puede esconderse una historia compleja. Y que, en el mercado actual, la verdadera ganga no es el precio más bajo, sino la certeza más alta.
