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El coronavirus transforma hasta el ‘boca a boca’ para reanimar a un ahogado

Ni flotadores, ni colchonetas, ni charlas antes de entrar al agua, la ‘nueva normalidad’ ha cambiado muchas de las prácticas habituales en playas y piscinas

 

  • Lancelot Digital
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    Realizar la reanimación directa al ahogado, el llamado `boca a boca´, por parte del  socorrista ya es una imagen del pasado. El riesgo a contraer el Covid-19 ha provocado la articulación de una nueva normativa para preservar la integridad física del profesional de la seguridad acuática.

     

    Asimismo, para garantizar la distancia social, los bañistas que accedan al agua para darse un baño en la playa deberán hacerlo de forma directa, sin pararse en la orilla para saludar o charlar con amigos o conocidos.  Así lo recoge el periodista, experto divulgador en prevención de ahogamientos y promotor de La plataforma para la Prevención de accidentes acuáticos, `Canarias, 1500 Km de Costa´, patrocinada por el Cabildo de Gran Canaria y la colaboración de la Dirección General de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias.

     

    Ir aseado desde casa, respetar la distancia de seguridad, garantizar un aforo limitado en las playas, el cribado permanente  de la arena,  respetar los horarios, la prohibición de realizar juegos colectivos o la limpieza de elementos urbanos y las instalaciones públicas, serán los nuevos requisitos para acudir a la costa de manera segura.

     

    La clave para evitar rebrotes en espacios acuáticos dependerá de cada ciudadano. Hoy más que nunca, el sentido cívico será nuestro mejor guardavidas. No podemos poner un policía detrás de cada bañista por lo que  se ha de apelar a la auto responsabilidad. Y ahí juega un papel crucial la activación de campañas de concienciación, tanto en materia de seguridad como sanitaria.

     

    Para Quintana, la aparición de esta inesperada crisis sanitaria, será para Canarias en particular y España, en general, la gran oportunidad para generar una verdadera cultura de la prevención y seguridad. Sin embargo, advierte de los riesgos de una desescalada precipitada, ya que no todos los ayuntamientos, del país  y  de Canarias,  tienen listos sus planes de contingencia para acometer con plenas garantías  la afluencia de cientos de miles de personas a los ocho mil kilómetros de costa que tiene nuestro país, así como los 1.500 km de costa canaria.

     

    En este sentido, el experto advierte que las prisas podrían generar un rebrote que nos llevaría a la casilla de salida de la desescalada. Ante ello, señala ejemplos como el municipio tinerfeño de Arona o la de Gijón, en Asturias, cuyos alcaldes  apuestan por la apertura paulatina de sus playas "hasta garantizar las medidas sanitarias, medioambientales y de seguridad para todos los usuarios".

     

    A ello se suma que la nueva normalidad en los  espacios acuáticos conlleva el preceptivo incremento en dotación de medios humanos, técnicos y materiales en muchos de los 600 puntos de costa donde se puede practicar el baño en las Islas.  Y ello  representa  un notable incremento de la inversión en esta materia de la que muchas corporaciones no tienen capacidad presupuestaria para asumirlo. Las más de tres mil playas con que cuenta España en sus ocho mil kilómetros de costa, deberán aumentar el número de socorristas y personal que controle los accesos. En Canarias, estimamos un incremento de 1.500 efectivos más.

     

    Quintana avisa del riesgo que se corre si se pretende que un socorrista haga de acomodador, de enfermero para tomar la temperatura corporal del bañista, de revisor de colas en los accesos a piscinas o para el recuento de personas. Esa no es su función y podría mermar la calidad de la vigilancia, la prevención  y la reacción en caso de un accidente acuático.

     

    Otra importante novedad que ha traído consigo esta pandemia es la técnica de la ventilación en casos de paradas cardiorrespiratorias,  Se acabó el `boca a boca´ para recusitar a un ahogado o infartado. El guardavidas deberá usar elementos como el ambú (balón de oxígeno) para suministrar aire al ahogado y evitar el contacto directo. Esto hará aumentar la cifra de muertes por la menor efectividad en la ventilación.

     

    Hoy más que nunca habrá que hacer caso a las recomendaciones del socorrista. Su labor ya no solo se ciñe a velar por la seguridad acuática sino en la prevención del contagio del Coronavirus, circunstancia  que podría generar un aumento de  conflictos, insultos o agresiones sobre éstos.

     

    La manera de actuar, el comportamiento que ha de adoptar un bañista cambia sustancialmente ante el Covid-19. Acceder al agua para darse un baño se ha de hacer individualmente. El bañista irá directamente al agua, sin detenerse a saludar o charlar con conocidos en la orilla, así como cuando regrese a su zona en la arena.

     

    Como recoge el Decreto publicado por el BOE, en las playas "se permite la práctica de actividades deportivas, profesionales o de recreo, siempre que se puedan desarrollar individualmente y sin contacto. La distancia social en entornos acuáticos también se establece en dos metros".

     

    No obstante, el promotor de Canarias, 1500 Km de Costa, repara en que la distancia interpersonal debe ampliarse hasta los cinco metros, sobre todo para aquellos deportistas o bañistas que acaban de realizar un gran esfuerzo físico (surfistas, windsurfistas, nadadores, etc.).

     

    Se cree que no sudamos cuando nadamos en una playa y piscina. Toda actividad física hace subir la temperatura corporal debido a que las glándulas sudoríparas se estimulan. Aunque influye la temperatura del agua.

     

    En cuanto a la utilización de juguetes flotantes o elementos hinchables, debido al riesgo de contagio por contacto en su superficie, la recomendación es evitar su uso. En ello se incluyen las pelotas, colchonetas o flotadores en forma de animal que, además de representar el peligro para el bañista de ser arrastrado mar adentro, también es un agente activo de asentamiento del virus.

     

     

    La excepción estaría en los menores de edad que, para garantizar su seguridad mientras permanecen en el agua, requieran del uso de `churros´, manguitos o chalecos. En estos casos la responsabilidad será de sus padres y tutores quienes velarán por que se guarde la distancia social y que nadie más haga uso de esos mismos elementos.

     

     

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