Buscan a su hijo, que desapareció en Lanzarote hace 40 años

Alberto Pérez Elvira tenía entonces 13 años y tan sólo encontraron su bicicleta con una rueda pinchada. Sus padres creen que sigue vivo y esperan encontrarle
Yolanda Téllez
Se llama Alberto Elvira Pérez. Tenía 13 años cuando desapareció en Lanzarote y sus padres nunca más volvieron a saber de él. Sin embargo, creen que, aunque ya no sería un muchacho, sino todo un hombre de casi 54 años, su hijo sigue vivo. “La esperanza es lo último que se pierde, sino no seguiríamos buscándolo”, apunta su madre, María de los Ángeles.
La historia se remonta al 2 de julio de 1973. Ese día, este joven salió de su casa en San Bartolomé y nunca volvió. Su bicicleta azul, con una rueda pinchada, fue encontrada en el camino de Güime a Playa Honda. Ese día, su hijo desapareció de sus vidas.
Su padre, también de nombre Alberto, regentaba un bar en San Bartolomé, donde su primogénito, el mayo de cinco hijos, echaba una mano. Era espabilado, trabajador y se defendía con el inglés. Incluso, según cuentan sus padres, unos extranjeros llegaron a pedir dinero por él. Por eso, su padre, cree que “se lo llevaron”. “A mí hijo me lo quitaron. Él era un niño y solo no se podía haber marchado”, señala.
Desde entonces ha habido algunas pistas sobre su paradero. Según cuentan sus padres, el cabrero de San Bartolomé les dijo haberlo visto tres veces en Arrecife. Tres momentos que coincidían, según relatan Alberto y María de los Ángeles, con la llegada de un barco extranjero a la capital. Incluso, su madre cree haberle visto una vez en San Bartolomé, aunque el joven “agachó la cabeza y desapareció”. Una vecina también les dijo habérselo encontrado en una ocasión. Sus padres llegaron incluso a viajar varias veces a Gran Canaria siguiendo algunas pistas, aunque no tuvieron éxito.
Así, la esperanza de que su hijo sigue vivo se mantiene y esperan que un día aparezca en su casa. Más ahora que su padre es víctima de una grave enfermedad. “No hay día que no piense en él”, afirma su padre, con lágrimas en los ojos.
Su madre, María de los Ángeles, le recuerda como era: “un niño muy aventurero y que sabía mucho para su edad”. Cree que si volviera a verlo, a pesar de haber pasado 40 años, sabría que es él. “Un hijo no se olvida, por algunos rasgos lo conocería”, señala.
Su camisa favorita, al igual que el arco y la flecha con la que Alberto jugaba a imaginar estar en otros rincones del planeta siguen intactas en su casa, mientras sus padres esperan el día que se reencuentren con su hijo.