Conviviendo con la más angustiosa incertidumbre

Hablan los familiares de los dos últimos desaparecidos en Lanzarote
Semanario Lancelot
Dos familias, la de Pedro Robayna, residente en Tías, y la de Francisco Delgado, afincada en Arrecife, con la misma angustiosa incertidumbre: la desaparición de un ser querido. Viven pendientes del teléfono, de que alguien llame a la puerta, de cualquier información que pueda aunque sea ayudar a esclarecer el desesperante misterio. Pedro y Francisco son los dos últimos desaparecido en la isla sobre los que no se sabe nada, y engrosan la estadística que indica que a día de hoy hay en España unas 12.000 personas en esa situación, unas 12.000 personas que un día salieron de sus casas y nunca más se supo de ellos. Desaparecidos sin razón aparente sobre los que se sigue esperando noticias, infructuosamente. Pero más allá de los fríos números estadísticos, está la angustia de sus seres queridos. Sus testimonios son desgarradores; su día a día, un calvario.
“No tengo ganas de vivir, no veo solución y estamos destrozados”. Lo dice entre sollozos Antonia Machín, madre del joven Francisco Delgado, de 36 años de edad, visto por última vez el pasado 8 de julio cuando salió de su domicilio del barrio capitalino de Titerroy. Son ya casi dos meses sin ninguna noticia, sin la más mínima pista.
En el caso de Pedro Robayna, de 62 caños de edad, se acaban de cumplir diez meses. Fue visto por última vez el 23 de octubre de 2010, en el muelle de Puerto del Carmen. Sus familiares con frecuencia creen verlo en cada calle, a la vuelta de cada esquina, pero son sólo las enormes ganas de reencontrarse con él, de verle sano y salvo. “Es tanta la ansiedad por ver a Pedro que a veces vemos gente en la calle que se parece mucho a él”, comenta uno de sus allegados, que pide la reserva de su identidad. “Casi que estamos resignados, pero tenemos la esperanza de que aparezca”, agrega el familiar de Pedro.
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