El acusado del crimen de La Graciosa reconoce los hechos, pero sostiene que fue en defensa propia
“Cuando él me tenía a mí con la cabeza debajo de tierra, yo saqué la tijera para que me soltara", declaró Sebastián Bermúdez este lunes en el juicio
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El acusado del primer homicidio registrado en La Graciosa, Sebastián Bermúdez, aseguró este lunes, durante el juicio que se celebra en Las Palmas de Gran Canaria, que actuó en defensa propia, según recoge la agencia EFE. "Cuando él me tenía a mí con la cabeza debajo de tierra, yo saqué la tijera para que me soltara", declaró Bermúdez.
De esta forma, el acusado admitió haber clavado a Gerardo Romero las tijeras que le provocaron las heridas por las que acabó muriendo, aunque afirmó que su intención no era matarle “en ningún momento”, señala EFE.
Los hechos se remontan a la madrugada del 28 al 29 de julio de 2010, cuando según la Fiscalía, el acusado se encontró con la víctima en una pizzería. “Gerardo y Sebastián eran parientes lejanos yvecinos de toda la vida de La Graciosa” pero “su relación no era buena, pues con ocasión de una obra en la casa de Gerardo, la casa de la madre del acusado se había llenado de tierra, y esto era algo que Sebastián no perdonaba a Gerardo, que aprovechaba para molestarlo siempre que tenía ocasión desde ese día”, según la Fiscalía.
Durante el encuentro en la pizzería, tras “un intercambio de palabras entre ellos”, se inició “una pelea”, en la que “se golpearon mutuamente y acabaron cayendo al suelo”.La víctima abandonó en local, tiempo que el acusado “aprovechó para sacar unas tijeras que llevaba en su mochila y guardarlas en el bolsillo derecho de su pantalón, confiado en que si al salir se volvían a encontrar las utilizaría para darle muerte”.
“Tras unos minutos, Sebastián sale del bar y se dirige a su casa, encontrándose en las inmediaciones de ésta con Gerardo, que había acudido allí a tratar de arreglar las cosas”. En ese momento, según el fiscal, comienzan a discutir y se enzarzan en una nueva pelea, en la que ambos se agarran y forcejean mutuamente empleando únicamente sus manos”.
Sin embargo, apunta el fiscal, el acusado aprovechó para “sacar las tijeras que minutos antes en el bar se había guardado en el bolsillo, y con ánimo de causarle la muerte a Gerardo o con conocimiento de que podía causársela se las clavó, por dos veces en el pecho”.
Gerardo consiguió llegar hasta su casa, pero se desplomó en la puerta, en presencia de sus hijos, aunque antes de fallecer consiguió decirle a su mujer que “Chani le había pinchado”