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  Envidia de Gran Canaria

  

 

 

Da a veces envidia ver como los políticos de Gran Canaria y de Tenerife, o de la misma Fuerteventura, no tienen complejos algunos a la hora de valorar la industria turística en sus islas. Saben de la importancia económica y social que tiene para sus islas. Da gusto ver hoy en las primeras páginas de la prensa insular de Gran Canaria (Canarias 7) destacando, como no podía ser de otra manera, la gran apuesta que el Grupo Gloria ha realizado en el antiguo Hotel San Agustín, uno de los históricos de Gran Canaria. Una inversión de 30 millones de euros para renovar completamente esas instalaciones para que sigan siendo un referente turístico de calidad de la isla redonda. El Presidente del Cabildo de Gran Canaria, un hombre de Izquierdas, defensor histórico de las clases medias y trabajadoras, Antonio Morales, junto con la alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana, Conchi Narváez, el consejero de Turismo del Cabildo grancanario, Carlos Álamos, entre otras autoridades realizaron ayer una visita a las obras del que será el nuevo Gloria Palace San Agustín. Y lo hacen como un guiño y una complicidad con un grupo hotelero que, en plena pandemia, con la incertidumbre que hay, arriesga para afrontar mejor el futuro turístico. Y comentamos esta noticia por el contraste de lo que ocurre en esta isla de Lanzarote acomplejada por la estupidez y el engaño. El presidente del Cabildo de Gran Canaria no sólo alabó el proyecto de reforma del Gloria Palace San Agustín, sino que destacó que “son obras valientes en los momentos en los que estamos, generosas para la economía canaria y también necesarias”. Son notables también las palabras de la alcaldesa de San Bartolomé de Tirjana, municipio plenamente turístico, diciendo que “es importante mostrar valentía y el esfuerzo de algunas empresas, aquellas que pueden, que están aprovechando este momento de parón por la situación pandemia y han apostado por renovarse”.

 

 

Complejo y miserias

 

 

Estos políticos de Gran Canaria defienden sin tapujos su isla y su desarrollo. Hacen hincapié en lo lógico, en destacar lo importante que resulta para Canarias que haya empresas que creen puestos de trabajo en esta tesitura de crisis y que mejoren la calidad a la oferta turística de la isla redonda. Simple sentido común. Por el contrario, en esta isla pasa al revés. Aquí, en Lanzarote, algunos empresarios de la tierra han hecho un mayor esfuerzo económico aún que el Grupo Palace en renovar en plena crisis sus instalaciones y se les ningunea. Se les hace el vacío. Algunos casi se han arruinado para transformar unas instalaciones envejecidas en modernas en estos años, envidia de sus competidores, y ni una palabra de aliento. Tenemos el ejemplo del nuevo Hotel Fariones, unas instalaciones de las que la mayoría de los lanzaroteños de bien se sienten orgullosos y lo manifiestan cuando las ven o disfrutan, menos las autoridades de la isla que callan, permanecen en ese silencio cómplice de la cobardía. ¿Han visto ustedes a algunas autoridades, por ejemplo, hacer un sólo y simple comentario de reconocimiento por la transformación del nuevo Hotel Fariones, un símbolo del turismo en Lanzarote? ¿Una transformación donde se han invertido unos 40 millones de euros? Por el contrario, algunos trataron de enredar y manchar la imagen del hotel con el populismo de criticar el derecho de admisión que legalmente tenía la propiedad en el muellito construído y por el que pagan un canon a Costas. Nada de que por primera vez se puede acceder a la playa gracias a dos paseos realizados por el Hotel. Nada de nada. Silencio no sólo de los radicales sino también de la acomplejada derecha liberal que ha comprado el discurso de la superioridad moral de la izquierda.