Los hechos de Oswaldo, frente a las palabras de Loli

- Lancelot Digital
En política hay gobiernos que parecen una rotonda: muchas vueltas, mucho ruido y la sensación permanente de no llegar a ninguna parte. Y luego están los que, para bien o para mal, deciden tomar la primera salida para meterse de lleno en la autopista. Esa es, para muchos lanzaroteños, la diferencia entre la etapa de la socialista Dolores Corujo y la de Oswaldo Betancort al frente del Cabildo de Lanzarote.
Durante años se instaló la impresión de que la institución caminaba con el freno de mano echado. Los grandes problemas seguían esperando soluciones mientras el debate político parecía más preocupado por el relato que por los resultados. El tiempo pasaba, pero Lanzarote seguía preguntándose cuándo empezarían a llegar las respuestas.
Con la llegada de Oswaldo Betancort, la percepción ha cambiado. Su estilo, más cercano a la gestión que al titular grandilocuente, ha imprimido un ritmo diferente a la institución. El empleo ha evolucionado de forma positiva, la economía insular muestra dinamismo, el turismo continúa batiendo cifras récord de recaudación (sin aumentar el número de visitantes). También se han dado los primeros pasos en planificación del territorio y en materia de bienestar social se ha pasado de la guerra abierta del anterior gobierno a mejorar todos los datos medios de la isla, gracias a la buena labor de Marci Acuña. Por otro lado, uno de los asuntos más sensibles para cualquier lanzaroteño, el agua, ha vuelto a ocupar un lugar prioritario en la agenda con actuaciones orientadas a mejorar una situación que llevaba demasiado tiempo enquistada. Esta última decisión de asumir el Ciclo Integral del Agua, rescindiendo el contrato con Canal Gestión, no sólo ha sido valiente sino un paso necesario que dar.
No significa que todos los problemas hayan desaparecido ni que quede poco por hacer. Por ejemplo en materia de viales y adecuación de las vías más importantes, seguimos lejos de lo que merece Lanzarote. El desdoblamiento de la LZ-40 y LZ-2 son ya actuaciones que llegan tarde y que han supuesto episodios funestos en la isla. También luchar por las grandes partidas en inversiones es otro "debe" de Lanzarote que ve como en muchas ocasiones, las otras islas del archipiélago, como Fuerteventura, sí hacen el trabajo y no pierden ese dinero tan necesario para evolucionar. Lanzarote sigue afrontando retos importantes y nadie dispone de una varita mágica. Pero existe una diferencia evidente entre administrar la inercia y gobernar con una hoja de ruta.
Oswaldo Betancort ha construido una imagen de gestor que escucha, decide y ejecuta, alejándose de una política excesivamente pendiente de la confrontación "corujina". Al final, los ciudadanos suelen valorar menos los discursos y los enfrentamientos y mucho más aquello que perciben en su día a día. Y, en política, esa suele ser la diferencia entre prometer movimiento y conseguir que las cosas realmente empiecen a moverse. Es decir, hechos y no palabras.